«Cada uno colabora donde puede, a pesar de las canas y el tiempo»

Gregorio Fernández, director de la residencia
En la residencia sacerdotal de León, situada en un antiguo colegio del barrio del Ejido, conviven medio centenar de curas, la mitad en activo y el resto ya retirados definitivamente, pero todos más que sesentones. El más veterano se llama Timoteo Borregán y tiene 92 años, así que, según el director del centro, Gregorio González, es de los pocos que está libre de colaborar en trabajos esporádicos. «Unos están en la enseñanza, otros de ayuda a las parroquias y prácticamente nadie queda desocupado; yo mismo alterno esto con la sanidad», dice mientras enciende un cigarrillo con no pocos remordimientos de conciencia. «Soy el único que fuma aquí y creo que me lo permiten por ser el director», añade envidiando la buena salud de muchos de sus colegas de residencia. En el centro para curas ya jubilados o en edad de estarlo no rigen normas especialmente drásticas, estilo conventual. «Somos un grupo que se atiene, simplemente, a unos horarios comunes básicos, como el del comedor y poco más». Luego cada cual dispone de su habitación y un despacho como mejor le plazca, enciende la televisión sin molestar al vecino y nada más. Fuera de las comidas las actividades comunes propiamente dichas son mínimas. Se supone que este tipo de residencias tendrán cada vez más inquilinos proporcionalmente al envejecimiento de quienes van camino de ocuparlas, que son también cada vez más en número y proporción. A la diócesis de León están retornando ya curas que regresan de Italia, Madrid y otras ciudades, donde ocupaban cargos de cierta relevancia. No hay, en cambio, misioneros del tercer mundo, que prefieren acabar su vida en los países de destino, o si regresan lo hacen a casa de familiares lejanos en los rincones igualmente más dispares de la geografía provincial, así que sobre ellos no hay más estadística que el sobresueldo a la pensión mínima que pueda pasarles el Obispado a modo de retiro de última hora. Són, más o menos, la mitad de los que pasan de 75 años.