El balance de 450 horas del proceso del siglo
Acaba el juicio, sigue el debate
Hoy quedará visto para sentencia el caso del 11- M. El veredicto judicial llegará en poco más de dos meses. El popular ya es firme: cada español hará su propia sentencia

Algunos de los veintinueve acusados en el juicio 11-M, que empezó el pasado 15 de febrero
Hoy quedará visto para sentencia el juicio del 11-M, un juicio sin precedentes en la historia de este país que comenzó el pasado 15 de febrero en la Casa de Campo contra 29 acusados de presuntos inductores, autores y colaboradores necesarios o simples integrantes de una célula terrorista de carácter islamista. A ella se le atribuyen los atentados sufridos por cuatro trenes que circulaban por el denominado corredor del Henares en dirección a Madrid y que acabaron con 191 muertos y 1.821 heridos. Han sido 450 horas de juicio oral repartidas en 57 sesiones en las que testificaron los 29 acusados, trescientos testigos y cien peritos o expertos en explosivos, ADN, dactiloscopia, balística o documentación. Hubo también traductores, médicos forenses, psiquiatras y activistas condenados de la organización terrorista ETA. Se leyeron un sinfín de documentos, se escucharon conversaciones telefónicas intervenidas, y hubo tiempo para visionar gran cantidad de cintas. Después de todo esto, las acusaciones sólo han retirado la totalidad de los cargos a uno de los acusados. En el extremo opuesto están otros para los que sólo pedían 20 años de cárcel y que ahora se enfrentan a una petición de condena de casi 40.000. Sólo les queda el consuelo de que la pena máxima efectiva es de 40 años de prisión. Aunque antes de comenzar el juicio las posiciones estaban decantadas de antemano y cada cual ya había dictado su propia sentencia, desde el punto de vista judicial, que al final es el que cuenta, la vista oral sí ha dejado una cosas meridianamente claras: las bombas las pusieron terroristas islamistas. Y lo hicieron sin la complicidad de otros terroristas autóctonos ni de ninguna trama policial. Los antecedentes ¿Cómo se fraguaron los atentados? ¿Qué factores los desencadenaron? ¿Hubo advertencias previas? Las investigaciones que siguieron a los atentados concluyeron que en el año 2002 se creó una célula terrorista de inspiración salafista para hacer la Yihad en Europa. La lideraban Moustapha Maymoni, condenado en Marruecos por los atentados de Casablanca en mayo del 2003, y Serhane el Tunecino, uno de los suicidas de Leganés. Los factores que desencadenaron el 11-M fueron, por una parte, la detención de Abu Daddah y otros integrantes de la célula islamista española que prestó apoyo a los implicados en el atentado del 11-S, así como la detención de Taysir Alony, corresponsal del Al Yacerá en España. Por otra, la posición adoptada por el Gobierno español en la guerra de Irak. Hubo reiteradas advertencias previas. Léase el documento titulado La Yihad en Irak: riesgos y esperanzas, localizado en la Red por el Instituto de Defensa de Noruega. Otra fue el comunicado de Bin Ladem emitido por Al Yacerá el 18 de octubre de 2003 en el que amenaza a seis países, entre ellos España; y también el anuncio efectuado por el dirigente de Al Qaida, Abu Mihammad Al Ablaj, el 7 de noviembre de 2003, sobre un ataque violento contra uno de esos seis países. La ejecución material de los planes de los terroristas se puso en marcha en el verano del 2003, cuando regresa a España Jamal Ahmidam, el Chino, un delincuente marroquí residente en España y casado con una española. El Chino, tras pasar tres años preso en su país, regresa imbuido de ideas islamistas radicales. Contacta con él El Tunecino, que le informa de los planes de la célula dirigida por Rabei Osman, El Egipcio, Youssef Belhad y Hassan El Haski para atentar en Madrid. Le encargan la adquisición de los explosivos. A través de Rafa Zouhier, conecta con el grupo asturiano de Trashorras. Los atentados ¿Quién y cómo se cometieron los atentados? ¿Qué explotó en los trenes? En la mañana del 11 de marzo los terroristas colocaron 13 bolsas o mochilas que contenían cada una 10 kilogramos de dinamita -Goma 2 ECO-. Incluían un sistema de activación temporizada mediante un despertador conectado a un teléfono móvil. Las dejaron en cuatro trenes que salieron de Alcalá de Henares. Diez estallaron en los trenes entre las 7.37 y las 7.40 horas: en la estación de Atocha, en la calle Téllez, en la estación de El Pozo y en la de Santa Eugenia. Otras dos fueron explosionadas después por artificieros policiales. La número 13 fue localizada en la madrugada del día 12 entre los efectos recuperados en El Pozo y fue la que dio las pistas claves de la investigación. La controversia sobre el tipo de explosivo se planteó de forma interesada por los partidarios de la teoría de la conspiración para justificar la implicación de ETA. Al final, del famoso titadine no aparecieron más que leves rastros, en una muestra posiblemente contaminada. Las bombas fueron colocadas por al menos 12 terroristas que subieron a los trenes en Alcalá de Henares, apeándose en paradas anteriores al momento de la explosión. Se desplazaron hasta la estación de Alcalá al menos en dos vehículos que aparcaron en las cercanías. En ambos fueron encontrados restos de ADN y huellas. Tres de los terroristas han sido identificados por testigos que se encontraban en los trenes, siete fallecieron en la explosión de Leganés y dos siguen huidos. La hipótesis de la implicación de ETA resultó insostenible, incluso para sus más ardientes defensores. La sentencia ¿Cabe la posibilidad de que sea abierta, como propugnan algunas acusaciones? Javier Gómez Bermúdez, presidente del tribunal y ponente de la sentencia, prevé dictarla en septiembre. No se descarta la absolución de algunos acusados con papeles secundarios en la trama. Los más pesimistas temen que el tribunal se deje seducir por los cantos de sirena y dicte una sentencia abierta, que acepte que son todos los que están pero que no están todos los que son, lo que dejaría un resquicio para seguir especulando con la existencia de otros implicados, como propugnan los defensores de la conspiranoia. Los más realistas confían en la profesionalidad de los tres togados.