Diario de León

La furgoneta bomba que estalló en Durango estaba cargada con 100 kilos de explosivo y metralla e hirió a dos agentes

El cuartel tenía apagados los inhibidores de frecuencia para evitar interferencias

Un terrorista encapuchado aparcó en las cercanías segundos antes del atentado

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Melchor Sáiz-Pardo - madrid
León

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ETA reapareció en la madrugada de ayer, 79 días después del fin del «alto el fuego», con la explosión de un potente coche bomba cargado con casi 100 kilos de explosivos que colocó junto a la casa cuartel de la Guardia Civil de la localidad vizcaína de Durango. El estallido provocó heridas leves a dos agentes que se encontraban de guardia e importantes daños materiales en las instalaciones militares y en una veintena de todoterrenos de la dotación del cuartel, así como en viviendas cercanas y otros coches particulares aparcados en las inmediaciones. El primer atentado de ETA con víctimas desde la ruptura formal del alto el fuego tuvo lugar a las 3.30 horas de la madrugada sin que mediara llamada de aviso previa. A esa hora, un agente de guardia en las instalaciones de Durango contempló a través de las pantallas de seguridad que un conductor se disponía a aparcar una furgoneta Citröen C-15 blanca, matrícula SS-0743-AN, en el arcén de la carretera BI-632, en la parte trasera exterior del edificio, una zona prohibida del perímetro de seguridad del acuartelamiento, junto a cuatro vehículos oficiales de la Guardia Civil y justo bajo una torreta de cámaras de vigilancia. El funcionario avisó de inmediato a dos de los agentes del retén de guardia para que advirtieran al conductor de que no podía estacionar el vehículo en ese lugar. Las cámaras registraron cómo el conductor se esmeraba en las maniobras para aparcar la furgoneta con la parte trasera mirando hacia el cuartel. Intentaba, se supo después, dirigir la onda expansiva del artefacto explosivo hacia el edificio. Ante la sospecha de que se tratara de un atentado, los agentes de guardia volvieron al edificio principal para intentar activar los inhibidores que interceptan las frecuencias de las bombas activadas a distancia, que estaban desconectados para no provocar interferencias en los aparatos electrónicos del vecindario. Antes de que los agentes pudieran encender los perturbadores de frecuencias, el conductor, un varón que iba encapuchado, abandonó el vehículo a la carrera y se dirigió a un Seat Ibiza matrícula portuguesa 15-BZ-35, en el que le esperaba otro individuo. Sólo instantes antes de que el terrorista subiera al Seat Ibiza, la furgoneta-bomba estalló, al parecer activada a distancia por el conductor del coche portugués, aunque tampoco se descarta que la detonación fuese provocada mediante un temporizador o un cable. Los entre 80 y 100 kilos de explosivos (que podrían ser amonal) mezclados con metralla hicieron saltar por los aires varios metros del muro del recinto. Los terroristas hicieron estallar el coche en el que huyeron para no dejar huellas. Daños materiales La onda expansiva esparció restos de la furgoneta en un radio de casi 200 metros y afectó a viviendas situadas a medio kilómetro del foco, e impactó de lleno contra la fachada del cuartel y en cuatro edificios de la cercana calle Urkiaga Torre, en los que rompió ventanas, persianas y puertas y provocó grietas. La explosión destrozó 16 viviendas militares de la casa cuartel, varias dependencias oficiales y alcanzó a diez todoterrenos del instituto armado, así como a una docena de vehículos particulares aparcados dentro y fuera del recinto. Los dos agentes que se encontraban de guardia resultaron heridos leves con diversos cortes provocados por la lluvia de vidrios y cascotes. Según fuentes de la lucha antiterrorista, la explosión podría haber tenido un efecto mucho mayor si el blindaje de los cuatro todoterrenos aparcados junto a la furgoneta-bomba no hubiera absorbido buena parte de la onda expansiva. «Podría haber sido una carnicería», resumió el director de las fuerzas de seguridad el Estado, Joan Mesquida, tras visitar el cuartel. «Hoy más que nunca el Gobierno afirma su voluntad, su determinación de seguir trabajando para que todos los terroristas, tarde o temprano, terminen en la cárcel, que es donde deben estar» TERESA FERNÁNDEZ DE LA VEGA, vicepresidenta del Gobierno

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