La ministra, tocada en su etapa final
Las protestas de algunos barones socialistas por el autoritarismo y el desdén de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, sostenidas en el tiempo desde su toma de posesión, apenas han tenido efecto para que el presidente Zapatero le retire la confianza. Su blindaje en forma de cuota andaluza del Gobierno central -el presidente andaluz Manuel Chaves es también presidente del PSOE- le ha servido para superar crisis como la nevada del 2004, el caos de El Prat, la polémica por el AVE gallego, o los numerosos incidentes que por tierra, mar y aire han jalonado el mandato de Álvarez al frente del ministerio con más presupuesto del Estado. Una vez apartada Carmen Calvo del Ministerio de Cultura, Álvarez se hizo fuerte en Fomento como representante intocable del granero de votos andaluz. Parece que, de momento, también se salvará de la grave crisis motivada por las obras del AVE en Barcelona, aunque este periódico ha podido saber que la presión para que haya responsabilidades políticas está instalada en el propio Consejo de Ministros y en un sector del PSOE. El propio Rubalcaba fue el portavoz de estos críticos, que constatan que la crisis puede afectar al filón de votos socialistas del cinturón rojo de Barcelona y, por tanto, hacer peligrar la superioridad en escaños del PSOE en las elecciones de marzo. Las dimisiones o ceses se sustanciarán en vísperas de la comparecencia de Zapatero en el Congreso. Aunque fuentes de su departamento lo descartan. «No se va a tomar esta decisión tan cerca de unas elecciones. Significaría reconocer que toda la gestión del AVE catalán fue un error y eso es peor que su permanencia», dicen. A pesar del desgaste que fue debilitando su privilegiada coraza política en el ministerio más complejo del Gobierno central, la ministra ha dado en los últimos años buena muestra de su capacidad para esquivar los golpes políticos en momentos de crisis, trasladando la responsabilidad en caída descendente hacia otros cargos de su ministerio. Sirva de ejemplo el caso de los tres muertos en el accidente del paso a nivel de Valga, donde pidió la cabeza de un simple portavoz de prensa del Adif para la zona noroeste, que fue relegado a funciones más modestas.