Diario de León

«Como bien, hago ejercicio y soy positiva»

Josefina Rodríguez Arteaga, de 82 años, es voluntaria de la Asociación de Familiares de Alzhéimer, va a clases de informática y no se pierde una cita de los circuitos para mayores

Josefina Rodríguez Arteaga, en el balcón de su casa con sus flores

Josefina Rodríguez Arteaga, en el balcón de su casa con sus flores

Ana Gaitero
León

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Josefina Rodríguez Arteaga forma parte de ese 27% de leonesas y leoneses mayores de 75 años que viven solas en su casa, pero apenas tiene tiempo para sentir la soledad. En realidad, lleva viviendo sola una cuarta parte de su vida, desde que hace veintiún años Paco -Francisco Pérez Herrero, el creador del mito de Genarín- falleció. A sus 82 años, son más de cuatro en los que cada semana acude puntualmente durante dos dos horas a la Asociación de Familiares de Alzhéimer de León. Llegó por casualidad y tras superar un test de memoria ya no la dejaron marchar. «Son personas que están perdiendo la memoria y siguen un programa de ejercicios; yo me pongo a su lado como una más y les ayudo», explica. «Encuentro una gran satisfacción en hacer esto porque muchas veces les arranco una sonrisa, pero yo también recibo mucho. Todas las monitoras son jóvenes y lo mismo pasa cuando voy a encuentros de voluntariado», explica. Se organiza para asistir a un curso de formación para personas voluntarias que imparte el Centro de Voluntariado del Ayuntamiento de León, se reúne todos los martes con ex alumnas de la Universidad de la Experiencia y acude a clases de informática. Es una asidua de los circuitos socioculturales para mayores y siempre que puede va al cine al Albéitar o a los ciclos de Caja España porque «son muy baratos». Aunque hasta hace pocos años conducía, ahora va a pie a todas partes porque «León es una ciudad muy cómoda para andar y así hago ejercicio». Entre sus secretos, añade: «Me levanto a las ocho de la mañana, como bien, hago ejercicio y soy positiva». Lo peor fueron los primeros años de viudez. Pero «con el tiempo, fuerza de voluntad y muchas amigas» se libró de caer en una depresión cuando falleció su marido que siempre la esperaba en casa. «No tengo perro ni gato, pero me da mucha tranquilidad la teleasistencia, porque están siempre pendientes de mí, y los vecinos, que me quieren mucho», relata. Las plantas y los libros también le hacen compañía. «Lo único que echo en falta es tener un poco más de contacto con niños», reconoce mientras muestra una muñeca que habla. También encontró estrategias para afrontar los miedos: «Me sugestionaba para pasar el miedo y me fui acostumbrando», aclara. «Me decía: Josefina, tienes que vivir». Otra cosa que le ayudó fueron los viajes: si con Paco apenas había pasado de París y Portugal, ahora puede decir que conoce casi medio mundo. «Conozco casi toda Europa, fui dos veces a China, he estado en Corea del Sur, en los países nórdicos, en Egipto, en Argentina, en los países Bajos y en Londres... aquellos viajes fueron maravillosos». Sabe que la ONU celebra en León la conferencia sobre envejecimiento, algo que le parece muy importante para la ciudad y para el futuro de las personas mayores. «La edad te da mucha experiencia y la experiencia vale mucho. Yo creo que cuando se trata con personas mayores lo más importante es saber escuchar», apunta. Algo de lo que deben tomar nota, dice, sobre todo los médicos. Tiene claro que si la sociedad escuchara un poco más y siguiera los consejos y el estilo de vida de muchas personas mayores «las instituciones derrocharían menos en luces innecesarias e inauguraciones. Nos damos cuenta de estas cosas porque vivimos una época de privaciones y aprendimos a ahorrar y arreglarnos con poco», precisa. Y sentencia: «Mientras unos tiren el pan y otros vengan a recogerlo al cubo de la basura no habrá paz en el mundo. Yo no desprecio ni una miga de pan, ni una gota de agua». En la tele y en la radio echa en falta «más programas educativos» y cree que sobran «políticos y tertulianos discutiendo» y programas en los que la gente cuenta su vida sin pudor. La noticia que más le ha impactado en los últimos días es la paliza que un joven propinó a una inmigrante en el metro. «Yo creo que me hubiera levantado, pero comprendo que ese chico no se pudiera mover». Además de desayunarse un energético bol de frutas frescas y secas, yogur y una magdalena casera, comer sus buenas ensaladas y no probar ni las grasas, ni los salados, Josefina tiene un antídoto contra la tristeza: «Cuando me pongo triste me meto en la cocina y me pongo a hacer pastas y dulces». Hay dos cosas a las que no ha sucumbido: el móvil y la tarjeta de crédito. Y en la conversación no menciona el tema del dinero hasta que no se le pregunta: vive con los 600 euros de pensión de viudedad, aunque cuenta con la ventaja de tener casa propia. ¿Las cosas que le gustaría hacer? «Muchas, aprovecharía más el tiempo, y creo que haría relacionado con la medicina y el deporte». Va poco al médico, huye de los fármacos y «nunca pienso que me voy a morir».

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