Cantante
«Canto lo que ha brotado en mí»
El cantautor Amancio Prada ofrece hoy en el Auditorio el recital «Son de León», en el que musicará versos de Gamoneda, Pereira, Colinas, Crémer, López Álvarez y él mismo

El congreso también se clausura hoy a las 20.30 horas con un recital en el Auditorio a cargo del cantautor Amancio Prada, quien estará acompañado por otro de nuestros grandes poetas, Juan Carlos Mestre, a los que arroparán Mariana Cores y Sacha Crisan a los violonchelos, Cuco Pérez al acordeón y Luis Delgado con percusiones y cuerdas varias: «Casi, casi, como en el Pórtico de la Gloria», dice Amancio. Son de León es el título que ha querido dar a este recital. -¿Cómo enmarcaría la poesía leonesa dentro del panorama nacional y cuál cree que son sus mejores señas de identidad? -Una pregunta que es tema para un congreso como el que se ha celebrado, con estudiosos, críticos, ponentes, debates y todo eso. Lo que salta a la vista es la riqueza lírica que tenemos: cuántos poetas, qué buenos y qué distintos. Un coro plural de voces singulares. El recital de esta noche se llama Son de León porque está dedicado a poetas leoneses. Un buen racimo: Pereira, Gamoneda, Colinas, Crémer, López Álvarez, Mestre y... yo mismo, con perdón. No están todos. Faltan unos cuantos, y bien que lo siento. No es, evidentemente, por falta de méritos suyos, sino por limitación de mis fuerzas. La mies es mucha y el cantor hace lo que puede. Pero tampoco el mundo se acaba esta noche. Seguiremos. -Ponerle música a los poemas de otro supone que éstos han des ser previamente interiorizados hasta el punto de sentirlos como propios... -Un poema es semilla antes que fruto. Un poema debe caer en los demás como una simiente. Y nacer en otro. Los poetas son instrumentos de la poesía, como los músicos lo son de la música. La poesía, la música, son cosas que están en el aire y que nos ayudan a respirar. Todo lo que canto es porque ha prendido, ha brotado en mí, en el pensar y el sentir. El canto es la exaltación de la palabra. Con la música y la voz un poema se vuelve más intenso y transparente. Se ilumina. Por esa luz me he guiado siempre. -¿A quién le ha resultado más difícil extraerle la música a su verso? -Nada es fácil, y, sin embargo, debe parecerlo. Cada nueva canción es un pequeño milagro. Si un poema te enamora, es cuestión de darle vueltas, las vueltas precisas hasta hacer brotar esa luz que decía y que parezca que la canción ya estaba ahí, que el poema nació con esa música puesta. Natural. Esta noche voy a estrenar algunas canciones nuevas. A ver cómo nos salen. -¿Qué aporta Mestre a su música y a sus actuaciones? -Mestre es un poeta excelente que además dice muy bien sus poemas. Comunica. Es algo importante, necesario, que no siempre ocurre. Su poesía es vibrante, solidaria, mestremecida , y enardece el canto. Un día se nos ocurrió alternar el recitado con el canto al abordar su Antífona del Otoño en el Valle del Bierzo y así surgió Elogio de la palabra , un recital que hemos llevado a muchos lugares. Y estaremos estaremos en buena compañía musical, casi como en el Pórtico de la Gloria. -Recientemente actuó en Rusia para conmemorar el 70 aniversario de la llegada de los niños españoles a ese país ¿Cómo le acogieron? -Pues di un recital para los niños de la guerra. Niños y niñas que ahora tienen más de ochenta años. Pero siguen pensando en España y sintiendo la lejanía como un desgarro. Un drama tremendo. Al terminar el concierto se me acercó Josefina Iturrarán, una de aquellas niñas , me cogió las manos y me recito entre sollozos su poema: «El ruiseñor que canta al sol caído/ no canta de Madrid en mi soñado hogar/ Ni en Santa María la iglesia de Guernica/ Ni en el Bilbao de mi temprana edad./ Suena en Moscú su dulce melodía,/ mas yo la estoy oyendo allí/ No aquí, no aquí/ Allí, allí». Y llorando, me decía «llevadme de alguna manera, llevadme de alguna manera». He compuesto una canción con esa letra. Tengo que enviársela.