Diario de León

Estampas de la Ría

El canal vistió de uniforme a los guardas, pero no arregló las filtraciones que arruinaron la torre de Villamandos en 1926

Publicado por
A. Gaitero - villaquejida
León

Creado:

Actualizado:

La «Ría» es el nombre con el que el pueblo bautizó el pomposo Canal del Príncipe de Asturias don Alfonso, aunque a la postre, desde su reforma prefieren designarlo como Canal del Esla. Jacinta Combarros, de 85 años y vecina de Villaquejida, tiene unos recuerdos muy especiales de la «Ría», de la que su padre, Tomás Combarros, fue guarda durante casi 35 años. «Era un cauce de tierra picada en el terreno y criaba mucha oca», señala para explicar una de los trabajos esenciales antes de empezar los riegos, hacia el mes de marzo «Cuando llegaba la campaña de riego, cortaban la Ría en Benamariel y los guardas iban con obreros segando la oca. Con una lata grande y un gancho de hierro para que no se trancara el salto». La operación de limpieza, según recuerda Jacinta, duraba unos tres o cuatro días y cuando daban el agua, «iban todos juntos a esperarla y recorrían la Ría de un lado a otro». Trabajaban de día y de noche -añade- «y venían a casa a buscar la cena que hacía mi madre, María». Cuando terminaban la operación «daban cuenta» al administrador que tenía la oficina en Villamañán. Para dar los riegos era obligado que los agricultores realizasen una suscripción y su contrato en el que figuraba el nombre de las cuatro fincas lindantes. Se entregaban unas cartillas con tantos cupones como riegos a que tenía derecho el labrador, que para hacerlos efectivos tenía que avisar al guarda: «Mi padre iba abrir la acequia con las llaves porque la compuerta se cerraba con un candado y cortaba el cupón», relata la segunda hija de los ocho hijos e hijas que crió el guarda Combarros con su sueldo hasta su fallecimiento repentino en 1950. En otoño y en invierno, aunque no había riegos, no faltaban los trabajos. «Iban a hacer las ollas para los árboles por este tiempo y en febrero ponían las plantas». En verano los regaban a caldero . «Yo iba también de obrera», recalca Jacinta. Con el tiempo idearon otro sistema para regar los chopos: «Traían una bomba en una barca», añade su primo Isaac. Cuando la CHD compró el canal había en sus márgenes 56.000 chopos, diez casas de guarda, seis molinos, de los cuales tres estaban arrendados, y aún funcionaban las centrales de Baeza y Benavente, según el estudio realizado para el Cehopu. El canal, al contrario de lo que sucede ahora, traía agua todo el invierno. Precisamente uno de los recuerdos de la Ría que aún le impactan en la memoria es de uno de aquellos crudos inviernos. «Una Navidad avisaron a mi padre de que se había cuajado el agua. Llamó a toque de campanas para coger obreros y entre todos partieron el carámbano con latas gordas porque corría peligro de reventar». Su padre salía todos los días a las siete de la mañana al coche de línea para mandar a Villamañán los partes y los cupones. Las «remanaciones» «Pero por lo que más se recuerda al canal antiguo es por las remaciones. Desde el principio dieron muchos problemas a los pueblos, especialmente a Villamandos», apostilla Feliciano Martínez Redondo. Sus efectos fueron dramáticos en Villamandos, que tuvo que trasladar su caserío por encima del canal debido al arruinamiento que ocasionaban las aguas. En 1926 se cayó la torre de la iglesia sobre el tejado del templo y hasta la torre de la iglesia. Las reclamaciones del cura párraco acabaron con una indemnización de 27.000 pesetas. El cronista de Villaquejida ha localizado documentos de 1898, de 1915 y 1917 en los que los alcaldes de la comarca se quejan del «estado deplorable y abusivo» de conservación del canal, a cuya existencia y progreso, recalcan, no se oponen. En 1917, en Villaquejida se «prohiben» los charcos en la vía pública que ocasionaban aquellos que no las fincas dotadas de las regaderas adecuadas para el riego. A lavar la ropa en Algadefe Jacinta Combarros recuerda también las peleas por el agua cuando no llegaba más que a Villamandos y los de Villaquejida a verlas venir y con la tierra seca. En su pueblo estaba prohibido lavar en el canal, pero Algadefe pleiteó a principios del siglo XX para conseguir este uso y ganó. En Villaquejida algunos de los usos que se hacía del agua de la Ría fuera del riego era el lavado de las cubas en otoño. También se usaba para dar de beber a las ovejas «a quien lo solicitaba y pagaba porque también pasteaban el canal». Otra estampa que conserva en su memoria es el paseo anual que el dueño del canal realizaba cada año a caballo para visitar su propiedad hidráulica. A caballo iba también el guarda mayor de Benamariel una vez por semana hasta Benavente.

tracking