ANÁLISIS ELECTORAL
Quince años esperando un debate en unas generales

Campo Vidal, escoltado por González y Aznar, en el debate que moderó
Después de quince años los españoles podrán ver cómo los dos aspirantes con posibilidades de gobernar confrontan sus propuestas en la tele. El acuerdo llegó cuando menos se esperaba, tras una semana en la que PSOE y PP parecían más instalados que nunca en pedir debates, pero con la boca pequeña. Debajo de un puente, en una academia, por lo público, por lo privado o por lo civil. José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy han estado proclamando a los cuatro vientos sus deseos de debatir, pero a la hora de la verdad sus jefes de campaña no se ponían de acuerdo. Esta semana pasada, en la que el PP ha llevado la iniciativa, su presidente, Mariano Rajoy, llegó a decir en Berlín que estaba dispuesto a debatir «aunque sea debajo de un puente» y, a partir de ahí, desaparecieron los condicionantes que ponía su gente. Por San Valentín, el candidato del PP se vino de Alemania «con el apoyo del corazón de Europa» y un cafetito que le sirvió en persona la canciller, Angela Merkel. En lugar de banderitas y chapitas como a los demás, Rajoy le llevo a Merkel un jamón de Teruel, morcilla de Burgos y cava de Girona. Así cualquiera no apoya. «A Zapatero se le ha visto el plumero», «pillao con el carrito del helao» o «que Rajoy no se raje». Los políticos españoles se lanzan a la rima fácil y a los juegos de palabras a pocos días del inicio de la campaña oficial. Las dos primeras frases son de Esperanza Aguirre, que aunque no se presente a las elecciones, tiene un protagonismo incuestionable, bien con sus propuestas de colegios en catalán, sus expresiones ingeniosas o sus relaciones -o ausencia de ellas- con Alberto Ruiz-Gallardón. En este caso, la presidenta de la Comunidad de Madrid se refería a la enésima indiscreción de un micrófono que captó, tras la entrevista a Zapatero en Cuatro, el convencimiento del presidente de que al PSOE le conviene «que haya tensión» y su anuncio de que a partir de este fin de semana empezará a «dramatizar un poco». En el PP interpretan esa «tensión» como sinónimo de crispación, de acuerdo con la acepción «estado de oposición u hostilidad latente entre personas o grupos humanos...». Los socialistas y el propio Zapatero explican que más bien se corresponde con lo que el diccionario llama «estado anímico de excitación, impaciencia, esfuerzo o exaltación», algo muy parecido a ese verbo «tensionar» que se han inventado los políticos. El caso es que los socialistas son conscientes de que tienen que movilizar a su electorado -que tiene fama de preferir quedarse los domingos en casa-, sobre todo ante la ofensiva del PP que, con sus propuestas de derecha «sin complejos», está marcando la agenda.