Diario de León

FRANCISCO FLECHA ANDRÉS | PROFESOR DE FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN

«Lo más importante es que pretende la resolución pacífica de los conflictos»

Ana Gaitero
León

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Francisco Flecha, profesor de Filosofía de la Educación de la Universidad de León, ve la implantación de la Educación para la Ciudadanía, o educación para la «vida y la convivencia», como prefiere llamarla, como la oportunidad de poner en en marcha la utopía de un nuevo modelo de escuela que ponga en práctica la ciudadanía, la participación real y efectiva en la búsqueda de soluciones a las necesidades de las personas. Flecha fue miembro de una comisión de la Unesco para implantar la educación para la ciudadanía en Mozambique hace diez años. Recientemente participó en las jornadas de la Felampa (Federación Leonesa de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos/as) Sierra-Pambley. -¿Cuál es el fin último de la Educación para la Ciudadanía o la Convivencia, como prefiere llamarla? -Educación para la Ciudadanse presta más a ser interpretado como materia para adoctrinar. Me da la impresión de que esta educación tiende mucho a aspectos formales (explica la estructura del Estado: cómo funciona la Justicia, el Ayuntamiento...) y eso, que es importante, porque hay que que saber las reglas del juego, no lo es todo. Lo más importante es que es una educación que pretende la resolución no violenta de los conflictos, a todos los niveles: interpersonal, de convivencia ciudadana e internacional. Se trata de entender que los conflictos no se solucionan con violencia, sino buscando soluciones racionales y no violentas. -¿Significa un cambio en el modelo de escuela? -Quienes estamos en este oficio tenemos la obligación de hacer propuestas utópicas, porque para hacer recetas ya están otros. Lo que planeo es que no sólo se dé una asignatura, sino cambiar toda la mentalidad de la actividad escolar, con una organización coherente con lo se dice en clase, con mayor participación y una cierta capacidad de propuestas de eficaces a los alumnos. No mostrarles sólo el juego de la participación. Es muy difícil de realizar, pero, como la línea del horizonte, las utopías nos sirven para saber hacia dónde ir. 1397058884 ¿Falta entusiasmo en el profesorado o en la administración? -Esta asignatura deben darla personas que crean en ella y estén comprometidas. No es adoctrinamiento, pero tiene que haber una convicción por parte de quien la imparte. Toda educación en valores debe partir de un reconocimiento y un compromiso de oficio. Si se pone de oficio que sean los profesores de sociales... no servirá de nada. -¿Se necesita formación? -Sí. No se puede pedir a la gente heroismos, sobre todo cuando se pretende, como yo pretendo, que se produzca un cambio metodológico que transfigure totalmente la vida de la escuela. Y si se obliga a un maestro a improvisar se le va a someter a una carga difícil de llevar. Están sobrecargados de trabajo. -El punto de partida no ha sido muy pacífico... -El punto de partida es que vivimos en una sociedad multiétnica, multirracial... que está muy expuesta, mediáticamente, a problemas de absoluta violencia e irracionalidad: las palizas grabadas en móviles, la pederastia, la violencia hacia la mujer... habrá ocurrido siempre, porque hasta las coplas decían que había que pegar a la mujer, pero ahora la sociedad es más sensible... La gente dice que se están perdiendo los valores porque antes «todos» participaban de los mismos valores, creyeran o no en ellos: En un pueblo del Páramo, el control social hacía que las conductas de todos los individuos estuvieran más o menos controladas y fueran más o menos esperables. Esas vinculaciones normativas se han perdido y hay que descubrir nuevos valores que marquen la raya. Pero hablar de nuevos valores es peligroso, porque existe la conciencia de que los valores son impuestos por la autoridad y muchas veces son irracionales. Por eso defiendo que es más útil partir de las necesidades, que es en lo que estamos todos de acuerdo. -¿Es legítima la objeción de conciencia? -La discrepancia es un buen punto de partida para esta educación, pero algo muy diferente es la posición de enfrentamiento irracional. No es que no estén de acuerdo, donde siempre es posible la negociación; es que están en contra, que supone ver al otro como adversario. Y ¿quién se opone? Pues precisamente quienes se han pasado toda la historia adoctrinando. El problema es que se les quita el monopolio del adiestramiento. -Profesionales por la Ética dice que suprimir del currículo de Castilla y León «feminización de la pobreza» u «homofobia» es desideologizar la asignatura. ¿Qué opina? -No sé donde está la ideología en hablar de que en nuestras sociedades las mujeres están en inferioridad de condiciones. La que me parece es ideológica es la otra posición: el predominio casi exclusivo de los hombres en la toma de decisiones, en el reparto de tareas es tan ideológico y está tan interiorizado que no hace faltaproclamarlo. El no va más de una ideología es que se interiorice de tal manera el propio sujeto se constituye en su guardián. -¿Cómo debe impartirse? -Soy partidario de una asignatura independiente, pero no de que sea evaluable. Creo que debería hacerse una encuesta que mida el cambio de actitudes a lo largo del curso.

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