| Crónica | Desde el otro lado |
2011, una odisea socialista
La delegación leonesa marcó el ambiente del congreso, entre sus propuestas leonesistas y sus divergencias internas

El flamante nuevo secretario autonómico socialista, ante la urna
La culpa es de Leire Pajín, por abrir el congreso con una pregunta: «¿De cuántos sitios eres?», se autointerrogó como imitación a la broma de sus colaboradores, que le recuerdan su partida de nacimiento andaluza. «Tengo la suerte de pertenecer a una generación que nació en una España democrática, plural y unida en la diversidad», resolvió tras citar sus raíces leonesas plantadas en el valle de Sabero. No suscitó la primera mueca, pero sí el gesto más común que se vio entre los socialistas castellanos como contestación a casi toda referencia leonesa en el congreso, marcado por las reivindicaciones «leonesistas» y «abertzales», como definieron algunos -incluso de casa- que el sector de la delegación de León comandado por Francisco Fernández -en espíritu y hoy ya en cuerpo- puso sobre la mesa. La jornada tuvo la mañana abierta para que se examinara la gestión de Ángel Villalba, quien ahora se queda en el apeadero político -de Feve, se entiende-. Como «cuando alguien dice que se va es que ya se ha ido», según comentó el secretario autonómico saliente, que hizo le sacó al verso su sentido literal, a nadie le molestó, excepto a Juventudes Socialista, dar una palmada en la espalda al político leonés. Hasta el todavía secretario provincial, Miguel Martínez, que ha tenido más aristas que besos en su relación con el ya dirigente ferroviario, pidió que se le aplaudiera. Cuestiones de camaradas que ya ven la política desde la misma parada -Martínez en la presidencia de Paradores- como recompensa a sus servicios por parte de Zapatero. Visto que la refriega con Villalba no procedía y que con los vallisoletanos el clima era cordial, como demostró Martínez con Rodríguez Bolaños en el patio del Recinto Ferial -«pese a las divergencias», quiso puntualizar-, las escaramuzas se centraron más en jugar a quién puede más: él o Francisco Fernández, que recogerá su testigo en el próximo congreso provincial. El tanto propio lo aireaban en tertulias con María Eugenia Gancedo, lugarteniente de Martínez, como ariete dentro de la cuota de secretarías logradas por León. «A Paco le da igual. Yo creo que lo que quiere es mandar lo más lejos posible a los que no comulgan con sus ideas y este no es mal sitio», comentaba uno de las voces discordantes y críticas con el rumbo que tomará la formación en la provincia. Por la tarde, entre que Pepe Blanco hizo de Alfonso Guerra en galego y que el candidato cuajó un discurso pleno de tintes emotivos y concesiones populistas -aunque también de mensajes de advertencia a una lado y a otro- la noche se echó encima con las comisiones de trabajo enfrascadas en el debate de las más de dos centenares de enmiendas no pactadas. «Los de León no se aclaran entre ellos», comentaban dos jóvenes socialistas aplicados a las nuevas tecnologías, que había presenciado como dos representantes leoneses se embarullaban en si debía ponerse entre las zonas de despoblación especialmente a las mineras o también a casos concretos. No habían presenciado sin embargo como Turiel -que tampoco recibió apoyo para su proyecto de regiones intracomunitarias- y Amor se enfrentaban a sus compañeros a cuenta de la propuesta sobre la creación del grupo parlamentario propio en las Cortes, con el resto de provincias como espectadores. Con Benjamin Franklin como autor de cabecera, dos socialistas castellanos vacilaban entrada a madrugada con la pregunta del histórico presidente yanki a consecuencia del cambio de denominación del partido como autonómico, en vez de regional. «Si al rabo de un perro le llamas pata, ¿Cuántas patas tiene? Las mismas, porque llamar pata al rabo no quiere decir que lo sea», se jactaban. «Que digan lo que quieran, pero están acojonados y mañana con la ejecutiva, más», se defendías varios delegados leoneses. Y entre todo esto, con más de 300 socialistas, Óscar López había hablado de la Odisea -perdón, Objetivo- 2011.