«Siento mucha ansiedad cuando salgo a la calle»

león
Diez personas discapacitadas de la residencia de San Lorenzo de Aspace participan en el proyecto de ocio y tiempo libre iniciado en octubre. El programa está apoyado por la labor de los voluntarios, entre los que se encuentra un grupo de alumnos de los Jesuitas.
Algunos de los discapacitados que participan en el proyecto tienen dificultades en el lenguaje, por lo que se ven obligados a comunicarse a través de un sistema pictográfico con diferentes símbolos a base de colores, verbos y números. «Lo llevan siempre con ellos. Si se pierden, intentan comunicarse con los demás con este método». Andrés Santos, de 35 años, tiene una espasticidad importante, su cuerpo se mueve involuntariamente y tiene dificultades para hablar. Su maestra, Marta Roy, traduce las respuestas que Andrés va marcando en un cuaderno con las manos. «Dice que se enfrenta con muchas dificultades para andar por la calle. Pide a los conductores que no dejen sus coches en los pasos rebajados y que cuando circulen por la calle no vayan tan deprisa, no les da tiempo a cruzar la calle en silla de ruedas».
Ángel Martínez, Gero, tiene 60 años. Tiene dificultades en el lenguaje. Dice que sufre mucha ansiedad cuando va por la calle. Siente un gran cariño por una niña tutelada por la Junta que está en San Cayetano. La considera su hija, pero no puede ir a visitarla tantas veces como quisiera, no se atreve a subir en autobús, «cuando viaja lo tenemos que llevar porque siente miedo, siempre depende de alguien».
Tere García no quiere decir su edad. Va en silla de ruedas, nació con los huesos frágiles, pero su capacidad de lenguaje está intacta: «Lo peor son los bordillos de las aceras y no podemos ir a tomar un café donde queremos porque hay pocas cafeterías adaptadas».
La ley sólo obliga a adaptar bares y cafeterías de más de 100 metros de superficie. «Queremos editar un directorio con los bares y locales públicos accesibles para que sepan donde ir», asegura Marta Roy.
Andrea García también se resiste a decir su edad, «si quiero salir tengo que coger un taxi. El otro día subí al hospital a visitar a un amigo y me cobraron treinta euros, es un transporte que no me puedo permitir, pero me da miedo subir en el autobús, no me atrevo», dice.