CERECEDO
Debate con contrapunto
EL DEBATE parlamentario sobre la crisis celebrado en las Cortes de Castilla y León por fuerza tenía que ser de baja intensidad. Y no porque la intensidad de la crisis en esta Comunidad autónoma sea menor que en otras. Ojalá, pero no es eso. El motivo radica en dos circunstancias políticas de carácter doméstico que rebajaban de antemano las expectativas. Con la primera de ellas habremos de convivir todo lo que queda de legislatura: El jefe de la oposición, el socialista Óscar López, no tiene escaño en el Parlamento autonómico y por lo tanto no puede intervenir directamente en sus debates. Esto quiere decir que de aquí a las elecciones autonómicas del 2011 no asistiremos en el hemiciclo a ningún «mano a mano» o «cara a cara» entre el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, y el aspirante socialista a sucederle. Ese era el primer handicap del debate de ayer.
El segundo condicionante es que se ha celebrado justo cuando los dos principales partidos, PP y PSOE, están ya emplazados a negociar un Pacto contra la Crisis en Casti lla y León (de hecho el próximo lunes está prevista la primera reunión de la comisión negociadora). Con ese pacto en ciernes no podía esperarse un debate de alta tensión. De todas formas, sin acritud, Herrera y la portavoz socialista, Ana Redondo, se reprocharon mutuamente todo lo reprochable y algo más, siempre de acuerdo con el guión preestablecido. Para la Junta y su presidente, los máximos y únicos responsables de la crisis son, por este orden, Zapatero y su incompetente Gobierno. Para el PSOE, el origen y ámbito de la crisis es mundial y el Gobierno socialista se ha volcado como nadie en combatirla, al contrario que la Junta, que ha mantenido una irresponsable pasividad durante muchos meses y hasta bien reciente no ha comenzado a tomar las primeras medidas efectivas en el ámbito de sus competencias.
Estos fueron los respectivos caballos de batalla de los dos actores principales de un debate descafeinado y lastrado además por un formato muy favorable al presidente de la Junta, que lo abría y lo cerraba en sendos turnos sin límite de tiempo, en tanto que los portavoces disponían de un único turno limitado a quince minutos.
La tribuna estuvo ayer algo más concurrida de lo habitual, pero sin llegar al apretón de las grandes ocasiones. El espacio reservado a autoridades e invitados VIP estuvo repleto de altos cargos de la Junta, colectivo en el que esta semana ha vuelto a cundir la zozobra a causa del renacido rumor acerca de una posible remodelación del gobierno Herrera.
Como exponente de la crisis real, alrededor de doscientos trabajadores de Renault se concentraron al comienzo del Pleno ante la sede parlamentaria. Aunque la intención inicial era que una representación de ellos accediera al interior, finalmente y previo pacto con responsables de la institución, desistieron de ello y optaron por aprovechar el desplazamiento para cortar el tráfico en la Avenida de Salamanca (antigua N-620). Por si acaso, el PP se había anticipado a la jugada y había invitado a la sesión a un nutrido colectivo de la tercera edad reclutado desde la Universidad de la Experiencia de Burgos, veteranos alumnos que ocuparon buena parte del aforo reservado al público.
Pero para contrapunto de un debate en el que todos dan por sentado que la austeridad en el gasto público ha de ser en estos momentos ejemplarizante, el que han puesto las propias Cortes de Castilla y León, al conceder de golpe cinco nuevos sueldos de dedicación exclusiva a distribuir entre PP (tres) y PSOE (dos). La ampliación del número de procuradores «liberados» (de 15 a 20) estaba prevista desde el pasado año, pero permanecía aparcada precisamente para no perjudicar esa imagen de austeridad. Por ello resulta incomprensible que cuando más arrecia la crisis se dé luz verde a un gasto que no se compadece con la congelación salarial aplicada a todos los altos cargos de las instituciones autonómicas. Para mayor inri, el sueldo de cada uno de los procuradores liberados es superior, así como lo leen, al del mismísimo presidente de la Junta. Un verdadero dislate.