La sangre no llegó al río
La andanada | cerecedo
El futuro de la central nuclear de Garoña estuvo a punto ayer de emponzoñar el Debate sobre el Estado de la Comunidad, el pleno monográfico con el que las Cortes de Castilla y León cierran anualmente por estas fechas el curso parlamentario.
Sin resultar de guante blanco, la confrontación parlamentaria entre el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, y la portavoz socialista, Ana Redondo, discurrió casi hasta el final en un tono sereno y apacible, sin que el intercambio de dardos elevara mas de la cuenta la tensión dialéctica. En una intervención muy medida, Redondo combinó con habilidad el palo y la zanahoria, o lo que es lo mismo, las criticas a determinados aspectos de la gestión del gobierno Herrera con el lógico respaldo a asuntos que han sido pactados entre PP y PSOE y la oferta de dialogo sobre otros susceptibles de pactar.
En su repaso crítico, la portavoz socialista comparó la eficacia de algunos planes de la Junta a la de determinadas cremas «antiarrugas», aconsejó al presidente que cambiara algunos «motores gripados que contaminan mucho» (clara alusión a la Consejera de Medio Ambiente) y censuró los «socavones» que presenta la atención sanitaria. También hubo una censura global a Herrera, de que quien dijo que «con unos buenos ingredientes no está sabiendo cocinar un buen menú».
Al igual que hiciera en el pleno anterior, el presidente de la Junta comenzó blandiendo los resultados de las últimas europeas a modo de aval ciudadano a la gestión del gobierno autonómico. «A mí además nadie me marca desde Madrid la política que tiene que seguir mi gobierno», dijo Herrera apuntando a la sumisión del PSOE de Castilla y León a las pautas marcadas de La Moncloa o Ferraz. La andanada guardaba relación con el modelo de financiación autonómica y sobre todo con la patata caliente que para los socialistas supone el cierre de Garoña.
El presidente de la Junta emplazó insistentemente a Redondo a que se manifestara con claridad sobre el asunto y eso fue lo que desató mas tarde la caja de los truenos. Y es que la portavoz socialista puso el cierre de Garoña como ejemplo de «valentía política» frente a la «cobardía de los que defienden a presuntos corruptos», reprochando directamente a Alfonso Fernández Mañueco (presidente del comité nacional de derechos y garantías del PP) que no haya tomado medidas disciplinarias contra todos los cargos públicos imputados en el «caso Gürtel». Como es de imaginar, la indignación se adueñó de la bancada popular.
Sin embargo, la sangre no llegó al río, ya que Herrera, después de rechazar enérgicamente cualquier acusación de connivencia o tolerancia con la corrupción, rebajó enseguida la tensión, restableciendo el tono anterior al rifirrafe. A tal punto que acabó incluso rindiendo pleitesía parlamentaria a Redondo, eso sí, no sin dejar constancia de que «estoy muy enamorado de otra señora».
Pero para verdadera cordialidad la que mantienen desde hace tiempo Juan Vicente Herrera y Joaquín Otero. Ayer no fue una excepción. Otero aprovechó eficazmente su turno, comenzando con el recurso retórico de realizarse a sí mismo cinco preguntas sobre la incidencia de la crisis económica. La conclusión del autocuestionario es que ha habido mucho diagnóstico y poco tratamiento. Además de sacar a colación la larga lista de reivindicaciones leonesas -”desde el Plan del Carbón a San Glorio, pasando por las autovías, el aeropuerto o la línea Sama-”Velilla)-” Otero fue el único que incidió en los desequilibrios territoriales entre provincias, un problema que había quedado completamente inédito durante todo el debate anterior.