Diario de León

Reportaje | e. gancedo

En casa del herrero...

Ésta sería la primera estatua que la ciudad dedica a sus reyes

Escultura dedicada al rey leonés Alfonso IX en la ciudad gallega de Bayona.

Escultura dedicada al rey leonés Alfonso IX en la ciudad gallega de Bayona.

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León

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Lo único que hay es una vieja efigie de Pelayo -”el iniciador de la dinastía-” en lo alto del Arco de la Cárcel, hoy restaurada, y un impresentable «homenaje a los reyes de León» de aire moderno (en realidad es una simple lámina de cemento) que lleva décadas pasando desapercibido junto a la glorieta de Guzmán el Bueno. Eso por no hablar del nombre de una serie de calles que, quitando la avenida dedicada a Ordoño II, podría decirse que son algunas de las más cortas, estrechas y oscuras de toda la capital leonesa. Otra calle no demasiado aparente es Reino de León, aunque en los últimos tiempos se ha dado el nombre de Reyes Leoneses a una de las principales arterias del gran polo de crecimiento que es Eras de Renueva.

Ese es, a grandes rasgos, el homenaje o el recuerdo que la ciudad de León -”capital y nombre del que en su día fuera el principal reino medieval de la península-” ha dedicado a monarcas sin los cuales es imposible entender no sólo la historia de varias regiones de España y del país entero, sino también la evolución de la legislación (los fueros leoneses están en el origen de todos los fueros del país incluidos los vascos, a través del fuero de Logroño) y muchas otras cuestiones de índole continental, como la aparición de Portugal o la recuperación del terreno peninsular a costa de los musulmanes.

No es el caso ni siquiera de otras poblaciones leonesas (Fernando I tiene una estatua en Valencia de Don Juan y Ponferrada dedicó hace poco un notable conjunto escultórico a Alfonso VI), y por supuesto del resto del país, pues podemos encontrar efigies dedicadas a Alfonso VI en Toledo, ciudad que reconquistó; y al propio Alfonso IX se le recuerda en Cáceres y en Bayona (población que fundó y protegió); entre otros lugares como Madrid, donde los Ordoños, Fernandos y Urracas adornan los jardines del palacio real y del Retiro.

Y no ha sido por falta de proyectos, pues desde los años setenta se han sucedido los ofrecimientos, concursos de ideas y diseños de conjuntos escultóricos, todos ellos desechados o aparcados por los gobiernos municipales por una u otra razón. Aunque ya se habían establecido contactos y conversaciones en los años ochenta con el alcalde Juan Morano Masa, no fue hasta 1999 cuando el por entonces concejal José María Rodríguez de Francisco le encarga oficialmente un Ordoño II a Ángel Muñiz. Encargo cuyos impagos el escultor lleva ya varios años denunciando y que ha acabado por arrumbar en una nave a este gran personaje.

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