Imagen de una de las instalaciones

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Enrique Rueda
León

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Hasta la fecha, ningún proyecto ha sido tan fiel al espíritu con el que planteó Carlos de la Varga sus «espacios vacíos» como el presentado en estos días por el colectivo RSC. Una de las características esenciales que deben cumplir las propuestas que cubren durante una temporada los intervalos entre exposición y exposición es la de dialogar y establecer una continuidad conceptual entre los diversos trabajos de cada uno de los artistas seleccionados cada año. El proyecto Punto es , en este sentido, excepcionalmente fiel, y se ajusta minuciosamente al guión establecido para estas intervenciones. Ignacio Llamas presentó en su exposición Contornos del silencio una serie de pequeñas arquitecturas que escondían en su interior lugares íntimos. La luz que emergía del interior de cada pieza se proyectaba al exterior y se acababa convirtiendo en la única iluminación de la sala. La galería permaneció durante toda la muestra absolutamente a oscuras. Se estableció con ello una simetría entre las arquitecturas y la propia galería, que aglutinaba todo el proyecto como un nuevo paisaje interior en el que el espacio expositivo y la propuesta del artista se fundían y lograban funcionar uno como la prolongación de la otra. El proyecto presentado por RSC recoge esta simbiosis y establece una nueva lectura de la galería, que es a la vez lugar de exposiciones y espacio exhibido. El eje de su propuesta se establece al remarcar y aislar esta idea. Para ello, en un intento de aglutinar los distintos espacios de la galería, colocan un espejo convexo que permite establecer un juego de redundancias que contrasta con el hecho de que la galería permanezca absolutamente vacía. Esto aumenta a su vez la sensación de extrañeza en el espectador, ya que se juega también con la asociación de ideas que asigna a la galería la posible presencia de pinturas o cualquier material susceptible de ser expuesto y el hecho de que sea el propio espacio el que se expone a sí mismo gracias a la presencia del espejo, a la vez objeto expuesto y medio para generar todo este juego de paradojas. Un último aspecto permite establecer la vinculación de esta propuesta con la exposición anterior. Un espacio de la galería ha sido personalizado a través de la luz que, de algún modo, lo aísla. Del mismo modo que la luz era la presencia más clara para quien no quisiera desarrollar el papel de espía en las obras de Llamas, aquí, el espacio vacío concede un lugar preponderante a un espacio de luz que nos recuerda la labor de intermediaria que ésta ejercía entre la oscuridad y los espacios escondidos en cada arquitectura del toledano TRÁFICO DE ARTE. De 18.00 a 21.00. Serranos, 2.

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