La autora israelí presentó ayer el libro en Madrid

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M. Pérez
León

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«Un balcón es parte de tu casa, pero para mí también significa libertad y conexión con Dios», afirma la escritora israelí Rina Frank, que ha venido a Madrid para presentar su tercera novela, Cada casa necesita un balcón , basada en su propia vida. Aunque no le gusta la palabra autobiografía, Rina Frank reconoce que para escribir este libro fue escogiendo diferentes cosas de su vida e intercalándolas en capítulos narrados en primera persona para su infancia, y en tercera persona para contar su matrimonio y la enfermedad de su hija. La historia reciente de Israel también pasa por los ojos de esta mujer en Cada casa necesita un balcón , pero sin demostrar amargura por las guerras, la pobreza o los constantes cambios de domicilio que pasó en su infancia, siempre con un balcón al que asomarse. Con 100.000 ejemplares vendidos en Israel, un país de sólo 6 millones de habitantes, su novela llega ahora a España de la mano de la Editorial Lumen, tras triunfar en Italia, Francia, Alemania, Holanda y Brasil. «Mi niñez está marcada por mis padres, que eran bastante modernos para su época, pero especialmente por mi hermana Yosefa, una niña muy segura que para todos era la lista y yo solo la guapa», comenta Frank, quien sintió la necesidad de empezar escribir a los 45 años, tras morir su hermana. La escritora israelí considera que «la infancia es la etapa que influye más en la persona que serás». Y desde su niñez, cuando murió su abuela, guarda el precioso recuerdo de «cuando mi hermana me dijo que Dios se la había llevado por el balcón». La vida de Rina Frank dio un giro cuando conoció a un catalán de origen judío «guapo, con dinero, mi príncipe azul». Pero tras vivir entre Barcelona e Israel, la escritora narra en su libro, con dureza y realidad, el sufrimiento que le provoca la enfermedad de su hija Noa nada más nacer. Su coraje para sacarla adelante le separa al mismo tiempo de su marido, y cada uno seguirá caminos separados. «Cada casa necesita un balcón» deja al lector con ganas de más, pero la autora explica que ya ha escrito la segunda parte, en la que continúa relatando su intensa vida, y en la que sí aparece su primer hijo, Michael. Rina Frank, que actualmente vive en Tel Aviv, muy cerca de sus hijos, ha encontrado de nuevo a su príncipe azul y se va a volver a casar, esta vez con un israelí de ascendencia italiana.

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