Valtuille ViLLEGAS
La pureza como conquista
Cepas plantadas en los primeros años del pasado siglo, cien por cien arena en la composición de suelo, vinificación sin intervención y un año de permanencia en barrica. Las 500 botellas —sólo esas y no de todas las añadas— de ‘Valtuille Villegas’ son puro vino, mencía en la más sincera expresión de la generosidad de la tierra de la que nace.
Hacer un vino con la máxima pureza y el más absoluto respeto al suelo». Cuando en 2005 Raúl Pérez Pereira asumió ese empeño —y fue porque entendió que así se lo pedía la viña— hizo justicia con unas cuantas cepas que habían sido plantadas más de cien años antes. Villegas, que es un paraje prodigioso del viñedo de Valtuille de Abajo, fue uno de los primeros que se replantaron después de que la filoxera arrasase la viña berciana. Ese corte geológico descendente que envuelve con arcillas (30%) una veta de arena (70%) es el origen del Valtuille Villegas sólo donde la segunda domina al 100% la composición del suelo, aunque de ese paraje concreto nacen también los Valtuille Cepas Centenarias y Ultreia de Valtuille , todos ellos de muy limitada producción. En el caso del que nos ocupa, apenas medio millar de botellas —justamente lo que dan dos barricas de 228 litros de capacidad— sólo cuando la vendimia es realmente excepcional por calidad.
Con la mezcla varietal histórica que es natural en ese paraje —90% Mencía, 80% de Alicante Bouchet y 2% de Bastardo— se hace una vinificación muy sencilla, sin intervención, que la bodega ha desarrollado en el tiempo como un guión hasta convertirlo en patrimonio cultural. La uva entera sin despalillar pasa directamente a tinas abiertas —«la propia madera hace una perfecta regulación del oxígeno», asegura el enólogo— sin intervención de ningún tipo de medio mecánico ni control de temperatura y, por tanto, tampoco regulación del frío. Y, además, sin movimiento de líquidos que alteren su evolución en un proceso de extraordinaria pureza. El vino envejece luego durante doce meses en barricas, siempre de cuarto uso para evitar que la presencia de la madera altere su equilibrio natural. El resultado es un mencía genuino, distinto y de culto para los avezados consumidores que añada tras añada, y no todas, lo aguardan por el valor en sí mismo y el de la excepcionalidad de una producción tan limitada sobre la que la bodega se hace promesa de no incrementar: «Nunca va a haber más de dos barricas. Ha sido así desde 2005, cuando se hizo la primera elaboración, y seguirá siendo así», afirma con solemnidad su autor que, como el vino, es también un enólogo de culto a nivel internacional.