Diario de León

El pueblo leonés de menos de cien habitantes que conserva un manantial de aguas termales con fama medicinal

Sus aguas sulfurosas a 37 grados atrajeron durante décadas a miles de visitantes y convirtieron a este pequeño rincón de la montaña leonesa en uno de los balnearios más famosos de la provincia

Las aguas sulfurosas de Morgovejo, que brotan a 37 grados, dieron fama a este pequeño pueblo leonés y convirtieron su balneario en uno de los centros termales más conocidos de la provincia.

Las aguas sulfurosas de Morgovejo, que brotan a 37 grados, dieron fama a este pequeño pueblo leonés y convirtieron su balneario en uno de los centros termales más conocidos de la provincia.Getty Images

Patricia de la Torre
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En la provincia de León, entre bosques y montañas y a más de mil metros de altitud, se esconde un pequeño pueblo de poco más de un centenar de habitantes que durante décadas fue uno de los grandes destinos termales de la provincia. Su fama se debía a un manantial de aguas sulfurosas a 37 grados, al que tradicionalmente se atribuían propiedades beneficiosas para la piel, el reumatismo y algunas afecciones respiratorias.

Ese pueblo es Morgovejo, una pequeña localidad de la Montaña Oriental Leonesa que todavía conserva el recuerdo de su pasado termal. Aunque hoy reina la tranquilidad en sus calles, este rincón leonés llegó a atraer a miles de visitantes gracias a unas aguas que durante años fueron consideradas un auténtico tesoro medicinal.

La historia del balneario de Morgovejo se remonta al siglo XIX, aunque la tradición local sostiene que fueron los romanos los primeros en descubrir las propiedades de estas aguas, una historia que se repite en muchos de los antiguos balnearios de la provincia de León.

El balneario que soñó con convertirse en el «Évian español»

El aprovechamiento del manantial comenzó de forma modesta a mediados del siglo XIX, cuando el vecino Cayetano Gutiérrez construyó una pequeña casa de baños con primitivas bañeras de madera. El éxito fue casi inmediato gracias a la creciente fama de las propiedades curativas de las aguas.

El propietario ejercía al mismo tiempo de bañero, médico y administrador de las habitaciones, cobrando cuatro reales por cada baño. Sin embargo, la actividad fue suspendida en 1871 al carecer de autorización oficial.

El verdadero esplendor del balneario llegaría años más tarde, ya en el siglo XX, cuando la propiedad pasó a manos de la familia Granda de Madrid. Bajo su gestión se ampliaron las instalaciones, se mejoraron los servicios y se promocionó el establecimiento por toda la provincia.

Fue entonces cuando comenzó a conocerse como el «Évian español», en referencia a la célebre localidad termal francesa y a la calidad de unas aguas que se habían convertido en todo un emblema de la montaña leonesa.

Unas aguas a 37 grados y con fama medicinal

Las aguas de Morgovejo brotan a una temperatura de 37 grados y presentan un intenso olor a azufre. Se trata de aguas sulfhídrico-clorurado-sódicas que estaban especialmente indicadas para tratar enfermedades de la piel, aunque también se utilizaban para combatir afecciones pulmonares y problemas reumáticos.

Los tratamientos se realizaban tanto mediante baños como mediante tomas orales, y la fama de sus propiedades curativas llegó a atraer a visitantes de distintos puntos de España.

El Ayuntamiento de Valderrueda recordaba recientemente que el antiguo balneario fue «el destino termal favorito de miles de viajeros gracias a sus famosas aguas sulfurosas a 37°C».

León, tierra de aguas termales

La historia de Morgovejo forma parte de una larga tradición termal en la provincia. Según explica la periodista María Carnero en un reportaje publicado en este diario, la provincia llegó a albergar «hasta una veintena de balnearios en el siglo XIX», impulsados por la calidad de sus aguas minero-medicinales.

Centros como las Caldas de San Adrián, el balneario de Boñar o las Caldas de Nocedo convirtieron a León en un referente del turismo de salud de la época, aunque la mayoría de ellos terminaron cerrando con el paso de las décadas.

El balneario de Morgovejo cerró definitivamente sus puertas en la década de 1970. Después hubo varios intentos de reconvertir el edificio en un hostal y un restaurante, pero ninguno logró devolverle el esplendor de antaño.

Aunque el establecimiento permanece abandonado y ya no funciona como complejo termal, el edificio todavía se alza junto a la carretera de acceso a Prioro y se ha convertido en uno de los elementos patrimoniales más singulares de la Montaña Oriental Leonesa. El manantial sigue formando parte de la identidad del pueblo, aunque actualmente no existe un aprovechamiento turístico de las aguas.

Hoy Morgovejo es un remanso de tranquilidad rodeado de naturaleza. Entre sus casas de piedra y las montañas que lo abrazan todavía sobrevive el recuerdo de unas aguas que llegaron a atraer a miles de viajeros y que hicieron soñar a este pequeño pueblo leonés con convertirse en el «Évian español».

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