El pantano de León que cumple 80 años y esconde bajo sus aguas un pueblo entero
El embalse de Villameca guarda bajo sus aguas los restos de Oliegos, cuyos vecinos dejaron sus casas en 1945 y emprendieron un viaje hacia Valladolid para empezar otra vida
Imagen de 1946. El embalse de Villameca inunda las casas de Oliegos que aún quedan en pie, pero con los tejados poco a poco derrumbándose.
Bajo las aguas del embalse de Villameca permanece un pueblo de León que desapareció del paisaje hace ocho décadas. Se llamaba Oliegos, pertenecía a la comarca de La Cepeda y su destino quedó unido para siempre a la construcción de una presa que transformó el valle. Sus habitantes dejaron sus casas el 28 de noviembre de 1945. El pantano sería inaugurado el 2 de octubre de 1946 y las aguas terminarían cubriendo las construcciones, las tierras y el cementerio de aquella localidad.
La historia adquiere otra dimensión cuando aparecen las personas detrás del pueblo perdido. Decenas de familias tuvieron que abandonar Oliegos en noviembre de 1945 y una parte importante emprendió un largo traslado hasta Foncastín, en Valladolid, donde comenzó una vida nueva lejos de La Cepeda.
El embalse de Villameca se encuentra a menos de un tercio de su capacidad.
El pantano de Villameca obligó a abandonar Oliegos
La desaparición de Oliegos empezó mucho antes de que el agua cubriera sus calles. El proyecto de la presa se remonta a principios del siglo XX y las obras estaban en marcha durante la Segunda República. La Guerra Civil interrumpió los trabajos, que fueron retomados posteriormente.
Para los vecinos, el momento decisivo llegó en noviembre de 1945. La construcción del embalse implicaba abandonar Oliegos y las autoridades del Instituto Nacional de Colonización organizaron el traslado hacia una finca situada a unos 200 kilómetros, en el término de Rueda, Valladolid. Aquel lugar acabaría convirtiéndose en Foncastín de Oliegos.
La marcha tuvo lugar el 28 de noviembre. Familias enteras salieron con sus pertenencias, animales, aperos y algunos de los elementos capaces de conservar una parte de la identidad del pueblo. Entre ellos viajaron los santos y las campanas de la iglesia, que décadas después continúan vinculadas a la memoria de Oliegos en Foncastín.
El punto de partida fue la estación de Porqueros. Un convoy de 30 vagones se encargó de realizar buena parte del traslado: tres estaban destinados a las personas y otros 27 transportaban animales, aperos y diferentes pertenencias.
El pantano de Villameca dejó a 38 familias camino de otra provincia
Aquel tren marca una de las imágenes más impactantes de la historia de Oliegos. Los vecinos pasaron por Astorga, León y Valladolid durante un viaje que terminó en una tierra muy distinta de la que acababan de dejar.
Foncastín pertenecía al municipio vallisoletano de Rueda y había sido adquirido por el Instituto Nacional de Colonización para crear un nuevo asentamiento. La realidad que encontraron los recién llegados quedó lejos de una mudanza convencional. Las viviendas prometidas todavía estaban pendientes y las familias tuvieron que alojarse durante meses en instalaciones provisionales, entre cuadras, corrales y otras dependencias de la finca.
Las dificultades continuaron con las condiciones del terreno. Una publicación del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática recuerda que las tierras adjudicadas se encontraban en un área donde el paludismo era endémico. Una información publicada en 2026 recoge además una referencia de la "Revista de Sanidad e Higiene Pública" de 1947 según la cual, un año después de la llegada, el 80% de los vecinos padecía paludismo.
Aquellas familias fueron construyendo una nueva localidad. Dos o tres años después de su llegada, el Instituto Nacional de Colonización levantó 38 casas para los colonos procedentes de Oliegos, según relata el alcalde de Foncastín, Miguel Fernández Herrera.
El pantano de Villameca guarda todavía los restos de Oliegos
Mientras una nueva vida comenzaba en Valladolid, el antiguo Oliegos quedó bajo el agua. El embalse de Villameca retiene las aguas del río Tuerto y convirtió aquel espacio habitado durante generaciones en parte del fondo del pantano.
Restos de Oliegos, pueblo desalojado en 1945, en el embalse del pantano de Villameca.
La memoria del lugar reaparece incluso físicamente cuando las condiciones del embalse permiten contemplar restos del antiguo núcleo. Las ruinas se han convertido también en escenario de encuentros culturales destinados a mantener vivo su recuerdo.
Uno de los más representativos es "Versos a Oliegos", una cita que comenzó en 2001 junto al embalse y alcanzó en 2025 su 25ª edición, coincidiendo con los 80 años de la marcha de los vecinos. Escritores, descendientes, vecinos y representantes de La Cepeda han utilizado durante años la literatura como forma de mantener el vínculo con el pueblo desaparecido.
Los paisajes naturales de La Cepeda, con sus bosques y caminos rurales, forman parte del entorno donde se celebrará el encuentro cultural Versos a Oliegos
El pantano de Villameca separó Oliegos de sus vecinos, pero su nombre llegó hasta Valladolid
La historia presenta una particularidad: Oliegos desapareció geográficamente, mientras su identidad encontró continuidad a unos 200 kilómetros. Foncastín adoptó durante sus primeros años el nombre de Foncastín de Oliegos y todavía conserva referencias a León y al pueblo de origen.
Las campanas de la iglesia viajaron con aquellas familias y permanecen en la localidad vallisoletana. El recuerdo aparece también en calles, monumentos y hasta en el gentilicio popular "olegarios". En septiembre de 2025, Foncastín celebró los 80 años de su fundación con la bendición de un pendón leonés, otro símbolo destinado a unir ambas tierras.
Ocho décadas después, la historia permite mirar el embalse de Villameca de otra manera. Bajo el agua permanece el lugar donde aquellas familias tenían sus casas, sus tierras y buena parte de su vida cotidiana. A cientos de kilómetros, las campanas, los descendientes y el propio nombre de Oliegos mantienen abierto el vínculo con aquel pueblo leonés.
El pantano cambió el mapa de La Cepeda. La memoria consiguió que Oliegos siguiera formando parte de él.
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