Diario de León

"Tenemos que defender el Albarín por su valor identitario y distintivo"

Rafael Blanco, presidente del Consejo Regulador de la DO León.

Rafael Blanco, presidente del Consejo Regulador de la DO León.RAMIRO

Abigail Calvo
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León

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La Feria de Productos de León, cita anual marcada en rojo para el sector agroalimentario en general y para el sector vinícola de la provincia en particular, coincide temporalmente con la vendimia, lo que supone que la primera pregunta al presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen León sea de alguna manera inevitable.

—¿Cuál es el previsible balance de la campaña, si es que se puede adelantar ya?

—No se puede precisar sin margen de error en cualquiera de los sentidos. Quedan por delante en torno a diez días de trabajo en la viña y en el procesado de la uva. Eso si la lluvia no sigue planteando problemas y retrasos en el campo que vengan a sumarse a las puntuales incidencias registradas a lo largo del proceso vegetativo.

—¿Qué tipo de incidencias y en qué medida afectaron a las cepas y a la uva?

—Sufrimos una helada el 23 de abril que desató el miedo y nos trajo a la memoria, por la casi coincidencia de fechas, el desastre de 2017. Finalmente afectó puntualmente a zonas concretas, especialmente en el área de Valderas y en mayor medida, aunque sobre menor superficie vitícola, al valle del Jamuz. Sin embargo fue la fuerte granizada del 2 de septiembre lo que causó daños más importantes, especialmente en el norte del eje vertical de nuestro territorio, en Valdevimbre, con pérdidas de uva del 20 y hasta el 30 por ciento en parcelas concretas.

—Se habían fijado un objetivo de cosecha de tres millones de kilos, e incluso algo más, en la línea de la vendimia 2023, que se cerró con casi 3.035.000 kilos. ¿Cree que finalmente se alcanzará esa producción?

—Inicialmente éramos optimistas en ese sentido, al menos durante el periodo de floración e incluso en el envero, porque las cepas presentaban buena carga de racimos. Sin embargo, eso no parece corresponderse ahora con la realidad. Al menos a la vista de lo que está ocurriendo en las zonas vitivinícolas más próximas, como Bierzo, Toro, Cigales... con mermas muy importantes en algunos casos. Creemos que de alguna manera influyó la anormalidad meteorológica de un julio notablemente frío y el excesivo calor de agosto, sin ese fuerte contraste térmico entre el día y la noche que tanto favorece a nuestras variedades.

—¿También afecta a la calidad de la uva?

—No, en absoluto. Sanitariamente la uva es perfecta, porque no se ha visto afectada por plagas fúngicas, a diferencia de lo que ha ocurrido en algunos de esos territorios próximos. Si hay algo que destacar, además de una excelente relación piel-pulpa, que favorece la calidad, es la tremenda explosión aromática de la Albarín, que ya de por si es una variedad muy terpénica, lo mismo que la Prieto Picudo. Tendremos grandes vinos rosados y tintos de la añada 2024, pero sobre todo serán excepcionales los blancos.

—¿Como para repetir los excelentes de las calificaciones de las añadas 2022 y 2023?

—Eso lo iremos viendo con el tiempo, pero no es algo que nos obsesione. Nos importa más ser honestos con nosotros mismos, con los viticultores, los bodegueros, los enólogos... y sobre todo con el consumidor. Su valoración es al final lo que realmente vale.

—Sin embargo son calificaciones que luego se corresponden con los reconocimientos a la calidad por parte de la crítica y los resultados en los concursos vinícolas...

—Sí, es cierto que este año hemos recibido altas puntuaciones para nuestros vinos y 84 medallas en los grandes certámenes nacionales e internacionales, que sobre todo deben servirnos de estímulo para avanzar en calidad de elaboración que, honestamente, es muy alta. Entendemos que nuestros rosados, que suponen casi el 70% de la producción, están en el top nacional y no tienen nada que envidiar a los grandes rosés franceses e italianos. Pero es gratificante ver en el podio a nuestros blancos y ya con frecuencia también a nuestros tintos.

—Lo que se ve, se lee y se oye es que tanto los enólogos como los bodegueros no pierden oportunidad de contar y cantar las excelencias de los blancos de Albarín...

—Con justicia. Pero también lo hacen los sumilleres, los master of wine, los periodistas especializados en la crítica vinícola y, mejor aún, los consumidores más entendidos. Sabemos muy bien lo que tenemos entre manos, que es una joya, por su exclusividad y su potencial enológico. Pero debemos crecer en volumen, porque sólo contamos con 87,5 hectáreas en producción y tenemos que avanzar en plantación y conseguir que el mercado lo respalde a partir del conocimiento... Pero llegar al consumidor es muy difícil. A día de hoy, todavía lamentablemente, no se aprecia en su justa medida y tampoco se paga por lo que vale.

—Se refiere al mercado local, ¿no?

—Sí, claro. El consumidor local sigue anclado a blancos clásicos de menos calidad, porque a la hostelería también le interesa vender al mismo precio lo que compra más barato, que llega de zonas de producciones desmesuradas que han saturado el mercado y devaluado el precio. Afortunadamente, a los mercados europeos a los que inicialmente llegamos con el Albarín ahora se suma con cierta fuerza Estados Unidos. Pero nuestro objetivo es que los leoneses lo defiendan por su valor y como algo propio, identitario y distintivo, como ocurre con el rosado y en general con el Prieto Picudo.

—En ese sentido, ¿qué actividades de carácter divulgativo y promocional han desarrollado o planean llevar a cabo este año?

—Desde hace años vamos de la mano con el Ayuntamiento de León, en concreto con la Concejalía de Turismo, con la que mantenemos una estrecha colaboración, a dos ferias monográficas de turismo, Intur en Valladolid, a la que volveremos ahora en noviembre, y Fitur en Madrid. En el mismo escenario de Ifema acudimos también a Madrid Fusión y Gourmets, en este caso bajo el paraguas del Itacyl, que además había programado dos grandes salones del vino para todas las denominaciones de origen de Castilla y León. Estuvimos en junio en Valencia y el próximo día 21 iremos a Málaga con cuatro bodegas como máxima representación posible. Barcelona Wine Week fue también una gran experiencia por su actividad altamente profesional. Nunca desde hace años faltamos a la Feria Internacional de Muestras de Asturias, acompañando a la Cámara de Comercio de León. Y, en fin, con la Diputación estaremos en la Feria de Productos de León esta semana e iremos a dos miniferias programadas en Gijón, del 18 al 20 de este mes, y Bilbao, todavía sin concretar.

—Y, claro, vuestra propia Feria del Vino de la DO León en Valencia de Don Juan...

—Por supuesto... Es nuestra gran fiesta anual, que organizamos con el apoyo del Ayuntamiento y que, ya en su vigésima edición, de nuevo volvió a batir récord de asistencia, con un público este año todavía más joven, especialmente en la primera de las tres jornadas del último fin de semana de julio. Y tampoco hemos faltado a nuestra cita ya clásica en la romería de San Froilán, en La Virgen del Camino, con la que nos sentimos muy identificados. Fue inicialmente, y lo sigue siendo, un empeño del alcalde de Valverde de la Virgen, que siempre nos da todo tipo de facilidades para que nuestro vino, el vino de la Denominación de Origen León, sea también protagonista junto a los carros, los pendones... y los perdones, por supuesto.

—¿Cómo ve el sector del vino en un país como España, con un centenar de denominaciones de origen y exceso de oferta?

—Muy competitivo. Es muy difícil abrirse camino, sobre todo para denominaciones de origen pequeñas, aunque haya una creciente atención hacia ellas por parte del consumidor más informado, generalmente joven y abierto a nuevas experiencias. Es un mal momento para el vino. Baste recordar que en la vendimia de 2023 se recogió un 20% menos de uva a nivel general. Y no es porque no la hubiese en las viñas, es que en las bodegas y en sus cavas hay todavía demasiado vino.

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