El postre que en León solo se fríe en febrero y desaparece en horas
Solo aparece en Carnaval, huele a anís y naranja, y su crujido es casi patrimonio cultural: el postre que en León marca el inicio de febrero con azúcar glas y receta de abuela

La masa, finísima y aromática, se fríe en aceite muy caliente para lograr el crujiente perfecto de este postre típico leonés.
Las orejas de Carnaval no necesitan presentación en León. Basta salir a la calle estos días previos al Miércoles de Ceniza para ver escaparates llenos de triángulos dorados, finísimos, espolvoreados con azúcar glas y tan crujientes como la corteza de cerdo que, según algunos, imitan. Pero detrás de este dulce típico hay una historia más antigua que muchos creen y una variedad de recetas que cambia de obrador en obrador como si de vinos se tratase.
La tradición de las orejas de Carnaval en León
No es casualidad que las orejas aparezcan justo en Carnaval. La tradición se remonta a los días previos a la Cuaresma, cuando la matanza del cerdo coincidía con el fin del invierno y el inicio de un periodo de recogimiento gastronómico. En ese contexto, las "orejas" nacieron como réplica simbólica y dulce de las verdaderas orejas de cerdo: harina, manteca, huevo, ralladuras cítricas, un chorrito de anís, aceite caliente y una fritura que lo transforma todo.
Se discute si su origen real es gallego o leonés, pero en León nadie lo pone en duda: las orejas son tan nuestras como el cocido maragato. Y no hay confitería, casa o abuela que no tenga su propia receta. Unos optan por manteca de cerdo; otros, por mantequilla. Algunos añaden orujo, otros zumo de naranja o incluso vino blanco de la tierra. ¿El resultado? No hay dos orejas iguales en toda la provincia.

Finas, ligeras y espolvoreadas con azúcar: así se presentan las orejas de Carnaval recién hechas y listas para desaparecer en minutos.
Gastronomía
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Patricia de la Torre
Orejas leonesas: cuando el secreto está en la masa (y en el aceite)
Las recetas que triunfan en redes como TikTok, en cuentas como @dulces_faciles_caseros o @sabinabanzo, insisten en algunos principios básicos: la masa debe quedar suave pero firme, reposar al menos una hora, y estirarse hasta dejarla casi traslúcida. El aceite, de oliva o de girasol, tiene que estar muy caliente pero sin humear. Solo así se logra ese crujiente que suena al partirla y ese toque ligero que permite comerse tres sin culpa (ni remordimientos).
Lo importante es que la masa no se pegue, que se deje estirar con rodillo o incluso con una botella si hace falta, y que cada triángulo frito salga con una burbuja propia. Ese es el verdadero termómetro de una oreja bien hecha.
Si te animas a hacerlas en casa, solo necesitas ingredientes sencillos y un poco de paciencia. Porque como nos recuerda una de las recetas virales: «Esto es una delicia y quedaron súper crujientes... mira, mira, anímate a hacerlas».