Diario de León

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Visto el grado de volatilidad que sigue dominando la política española, cualquier pronóstico sobre lo que pueda suceder en las próximas elecciones —no digamos ya sobre lo que ocurra el día después— resulta vano. Se ha vuelto a poner de manifiesto con el salto a la política nacional del partido de Iñigo Errejón, que, pese a anunciar que concurrirá en contadas circunscripciones, ha dejado en papel mojado todos los sondeos previos. Aunque Más País está destinado a captar un voto exclusivamente de izquierdas, el sistema de reparto de la Ley D’Hont convierte en una auténtica lotería la adjudicación de los últimos escaños en aquellas provincias con mayor número de ellos, que no es el caso de ninguna de las que integran esta comunidad autónoma.  

Otro factor sobrevenido que ya está agitando la campaña es el conflicto catalán. Si alguien había pensado que la presumible condena judicial de los máximos líderes del procés se iba a saltar una tormenta ocasional sin mayores consecuencias, acabamos de ver que estaba completamente equivocado. El irredentismo independentista ha rebrotado estos días, presagiando un nuevo desafío institucional en toda regla tan pronto se haga pública dicha condena. La aplicación del artículo 155 de la Constitución empieza a vislumbrarse, y ello en pleno proceso electoral y con un gobierno en funciones.  

El factor catalán, que en su momento incentivó el voto a Ciudadanos y Vox, amenaza con monopolizar la próxima campaña, condicionando las estrategias tanto del PP de Casado, que no se permitirá ahora la menor tibieza, y del PSOE de Sánchez, obligado a combatir sin paños calientes cualquier insurrección anticonstitucional so pena de pagar un alto coste electoral en el resto de España.  

Aunque en elecciones generales se vota en clave nacional, en Castilla y León afrontamos las de 10-N bajo el gobierno bipartito PP-Ciudadanos pactado el pasado verano. Se supone que ambos socios, que tan amistosamente se han repartido el poder en está comunidad, mantendrán un pacto de no agresión que les preserve de la batalla electoral a librar por sus respectivos partidos. Tras firmar en marzo sus peores resultados históricos, el PP aspira a resarcirse ahora mayormente a costa de Ciudadanos, un partido desdibujado por el errático Rivera que en esta comunidad, pactos mediante, ha vendido sin el menor pudor su alma al diablo.  

Una comunidad que con su nuevo gobierno sigue sin fijar ningún rumbo. La mayor prueba es su absoluta pasividad e indolencia sobre la incesante sangría de la despoblación. Sin ir más lejos, el 10-N estamos llamados a votar en Castilla y León 4.189 electores menos que el pasado mes de abril, más de la tercera parte de ellos por cierto leoneses…

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