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Tanta muerte por ahí suelta no iba a importunar en nada a la primavera que ahora mismo está estallando hasta en el árido pecho de una muralla de morrillo medieval que se desata en melenitas verdes y perifollos y aún susurra ecos hebreos de artesanos y usureros, justo al pie de nuestra casa, cerca del Prado de los Judíos, aquellos cuya memoria tortura el contiguo campanil cristiano de las Carbajalas que lleva siglos dejándoles mudos ahí, en su viejo cementerio, al lado de su antigua casa de la que quizá conservaron la llave en sus diásporas sucesivas, casa o taller o negocio en el corazón de la ciudad donde una vez fueron pares en todo, hasta en presidir tribunales y casi en población. Mucho judío aquí. Algunos, muy célebres: échale un galgo a Moisés de León. Pero en estas cunas de parlamentarismos algo babayos apenas se cita para nada a los judíos si no es por mofa o limonada. Llevaban siglos siendo leoneses de cepa y se les asaltaban negocios, se hería o injuriaba a su estirpe, se mataba a algunos y se expulsó finalmente a todos, aunque ese ignorarles no lo parece hoy tanto por viejos odios o sentimientos de culpa como por pura vergüenza de saber (y callar como puta en comisaría) que el 23% de la sangre del leonés o cazurro de terrón es judía (la genética ya no permite engaños de cronista, rapaz, atente a tu pasado y no le quites el mandil, el mandil), sangre judía que es el doble en el asturiano que, por eso, sin duda, alardea de ser más cristianu vieyu que nadie o blasona de inventar la patria: Asturies ye España; y el restu, tierra conquistae , que en eso, en resacar reconquistas y empujar moros hasta echarlos al mar anda también el Abascal sin dejar de vitorear al Pelayu les Pelotes esperando que la asturianía falampa, agradecida al salvapatrias, le invite cada año a pescar salmones en el Sella como al Caudillo. Y después, a reconquistar topalante. Cuánta manía y cuánta noria es nuestra historia. Y ahora, la España vírica se excita e insulta. Nunca pasó a solas consigo tanto tiempo, se ve a sí misma y hoy pagaría por dar hostias más que por salir a correr.