Diario de León

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Pobre Maradona, de tanto golearse en propia terminó perdiendo el partido. Su virtuosismo con el balón le sirvió para salir de la pobreza, aunque le adentrase en otras miserias. A veces, un don innato tiene letra pequeña. Ni santo, ni héroe. Ni modelo de conducta futbolística, ni ciudadano ejemplar. Tan solo el mejor jugador del mundo… no es poco, ni todo. Otro niño pobre que regresa la oscuridad, tras el espejismo del éxito. Otro solitario más, siempre rodeado de gente. Pero como cantaba Paycheck: «Dices que la casa donde vives es solo un lugar triste y vacío/ Pero si crees que tú estás mal, deberías encontrarte en mi lugar/ Si piensas que eres un solitario/deberías estar aquí conmigo». Ahora, junto a sensibles manifestaciones de duelo asistimos a otras que tienen más de disparate histriónico. ¿No bastaría con llorarle, rezarle, homenajear…? Aun así, no metamos todas estas aflicciones en un mismo saco, pues muchas provienen del noble latir de la calle. Elvis y Marilyn Monroe siguen siendo llorados, y no hay nada ridículo en tales lágrimas. No son aún tan queridos por famosos, sino pese a serlo. A veces, la excelencia en algo concreto conlleva la imposibilidad de ser normal en todo lo demás. ¿Fue Maradona víctima de las malas compañías? Las tuvo y él mismo lo fue. Férrea es la frontera entre tener dinero y no tenerlo, tenue la que separa el éxito del fracaso. Grande y pequeño Maradona. Pero solo siendo el mejor futbolista no habría conquistado el afecto de millones de personas. Algo más hubo de tener y de dar, quizá no ya relacionado con su éxito futbolístico sino con su fracaso personal. La calle puede ser ciega y sabia, a la vez. Además, ¿quién puede sentar cátedra sobre un corazón humano?

Leo a la poeta argentina Alejandra Pizarnik, quien se suicidó en 1972, a los 36 años. Otra niña perdida. Escribía en 1959 «¡Oh, señor yo no soy una muchacha, soy un muestrario de los pecados capitales!». Maradona cometió los sietes, y tres más hasta llegar a los diez de su camiseta.

Tan solo el mejor jugador del mundo, otro adulto habitado por un niño pobre. A veces, ángel. A veces, monstruo. Sí, demasiados goles en propia. Perdió el partido. Descanse en paz, de sí mismo y de otros.

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