Armonización real
Es una obviedad que Madrid obtiene ventajas de la capitalidad que ostenta, y que tiene rango constitucional. Cualquier posición en el Estado plantea ventajas e inconvenientes: las islas, por ejemplo, disfrutan de un gran atractivo turístico por su singularidad, pero también han de afrontar costos añadidos por su difícil acceso; las zonas costeras podrían considerarse privilegiadas con respecto a las del interior, y aun el sur cálido tendría sus ventajas climáticas sobre el frío norte, con claras repercusiones en el terreno agropecuario, turístico, etcétera. Sería una peligrosa injusticia gravar a Madrid por el hecho de serlo, con sus ventajas e inconvenientes, y se podría alentar una querella importante y absurda si se siguiera por este camino. Lo que el Estado moderno debe hacer es descentralizarse realmente y armonizar determinados impuestos, de forma que las comunidades autónomas puedan competir entre sí dentro de ciertos límites pero sin diferencias lacerantes. No puede ser que el impuesto de sucesiones sea cero en algunas comunidades y se aplique una tasa considerable en otras.