Naturaleza y creencia
La ciencia no es objetiva y conviene reflexionar. La mayoría de los científicos y científicas que eligen un camino de investigación y toman muestras son personas que interpretan los resultados en función de un conjunto de creencias culturales y sociales dominantes. A lo largo de la historia hay evidencias de investigaciones que han interpretado la naturaleza bajo la lógica del pensamiento imperante en un momento histórico y que, o bien con la aportación de nuevas investigaciones o analizándolas desde otro punto de vista, se ha comprobado que eran erróneas.
Antes de que apareciera la tecnología de la imagen se pensó que las mujeres eran menos inteligentes que los hombres porque el tamaño del cerebro femenino comparado con el masculino es más pequeño. El dato es cierto, pero la interpretación es errónea porque se realizó en función de una lógica de pensamiento: el que consideraba a las mujeres inferiores. Un estudio realizado por los neurocientíficos Lise Eliot, Adnan Ahmed, Piba Khan y Julie Patel, y publicado en la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews concluye que el tamaño del cerebro es proporcional al tamaño de la persona y por eso el de las mujeres es un 11% más pequeño, de la misma manera que lo son también los riñones, el hígado o el corazón. El neuropsicólogo Rex Jung afirma en otro estudio que no se observan diferencias significativas en la inteligencia entre hombres y mujeres. Son otros los condicionantes que influyen, por igual, en el desarrollo de la inteligencia.
Otro error que la ciencia trata de deconstruir es el rol femenino en la reproducción, que atribuye un papel más activo a los hombres. Es un mito, por ejemplo, que los espermatozoides naden frenéticamente en una competencia feroz entre ellos hacia el óvulo, que espera pasivo para iniciar el proceso de fecundación. Un cuento desmontado en una investigación publicada en Frontiers in Cell and Developmental Biology que muestra que los espermatozoides se unen para navegar por un espeso flujo vaginal, es decir, no compiten, colaboran. El divulgador Alex Richter-Boix lo explica como una demostración que rompe con esa dialéctica que ve la realidad en función de creencias extendidas y repetidas de que el ser humano es competitivo por naturaleza. Esa afirmación no es inalterable.
Un error interpretativo consideró durante años a los negros como personas inferiores o que las mujeres de la prehistoria no eran cazadoras. Ahora se piensa que incluso pintaron Altamira.
En 1991, la investigadora Emily Martin publicó el estudio El óvulo y el espermatozoide: cómo la ciencia ha construido un romance basado en roles estereotipados de hombre y mujer . «Como antropóloga, me intriga la posibilidad de que la cultura dé forma a cómo los científicos biológicos describen lo que descubren sobre el mundo natural. Si esto fuera así, estaríamos aprendiendo sobre algo más que el mundo natural en la clase de biología de la escuela secundaria; estaríamos aprendiendo sobre creencias y prácticas culturales como si fueran parte de la naturaleza».