Diario de León

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El capricho del calendario ha dejado las elecciones municipales de este 2023 en manos del Espíritu Santo. La coincidencia de las urnas con la fiesta de Pentecostés, cuando cuentan las Sagradas Escrituras que se le apareció el Señor a los apóstoles, les sopló encima y cada uno empezó a hablar de sus grandezas en diferentes lenguas, como en una rave en la que los asistentes se hubieran pasado con los tripis, otorga a cada votante la trascendencia de convertirse por un día en los próximos cuatro años en el protagonista del mensaje divino. El martes, ni siquiera le preguntarán por el nombre, ni le asaltarán en mitad de la calle para convencerle de que el futuro de su pueblo, de su ciudad, pasa por su voto. Pero esta mañana de domingo, sin necesidad de ir a misa, cada ciudadano con derecho al voto cuenta con la posibilidad de rebatir el dogma de la Santísima Trinidad: la rebelión de una papeleta en la que discutir que la importancia de su ayuntamiento, sin vinculación obligatoria a quien manda en el Gobierno y en la Junta, elevan la relevancia del designio de los habitantes de los pueblos de León a palabra de Dios. Mañana, ya veremos, pero hoy merece la pena, aunque sólo sea por joder.

Las elecciones municipales acercan la política a pie calle. La decisión concierne a lo ordinario, lo cercano y remite al tópico del voto a la persona, pese a la estadística que asienta la prevalencia de los partidos mayoritarios como en el resto de los comicios por una fidelidad irracional que no se diferencia de los ultras deportivos. Aunque la convocatoria esconde además las miserias de lo cotidiano: los intereses creados para el cambio de calificación urbanística de unas parcelas de la familia, la necesidad de colocar al guaje en uno de esos puestos de libre designación que engordan la plantilla municipal, la concesión de uno de esos contratos de servicios en los que los gastos públicos mutan en beneficios privados, el mantenimiento de los privilegios de explotación de los recursos de los montes, la adjudicación de un coto de caza para hacer negocio, la entrega de los terrenos del común para la instalación de los parques fotovoltaicos y eólicos que hipotecarán el pan de hoy a cambio del hambre de mañana porque la despoblación no la resuelve el Espíritu Santo... El voto se vende cuando uno no sabe cuánto vale.

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