Diario de León

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Cierta vez le preguntaron a Curro Romero sobre el público con el que se sentía más arropado. Se puso místico el entrevistador. «Los silencios de Sevilla, la exigencia (o en lo que se haya convertido) de Madrid, el jolgorio de Pamplona,... Maestro, ¿cuál es su público favorito?». «Sin duda, el del tenis», respondió en uno de los pases al compás con su capotillo el lacónico faraón de Camas. Más está disfrutando en los últimos días el público del tenis que el taurino, a la espera de ver qué depara hoy en Sahagún la siempre esperada corrida local de Valdellán y el festejo armado por los grandes aficionados de la peña facundina. Poco más se espera de lo que sobre los ruedos y con ganado bravo ocurra por estos lares a corto plazo.

Lo que no impide que el público asistente al espectáculo que el requiebro político nos impone con tozuda insistencia no pase el día girando la cabeza sin fin de uno a otro lado de la red a la espera de ver dónde aterriza cada pelota, si entra o no, quién es capaz de restar con mayor solvencia o si se tercia la volea, ya que pocos saques directos parecen a tiro.

La ciudadanía contempla el peloteo con mayor o menor entrega según la afición personal al tejemaneje de las cuestiones políticas. Con pocas convicciones firmes, pero que se ratifican en cada cita electoral. Entre ellas, que aquí y en Pernambuco, en menor medida para las pedanías pero en buen número para puestos más lustrosos, se ofertan más traseros que sillas. Ante la escasez de poltronas, acuciados en no pocas ocasiones por la falta de otro recurso laboral al que amarrarse, la actividad se vuelve frenética en estos tiempos de confección de listas. Otra verdad cabezona es que, cuando los resultados no responden a las expectativas, hay quien no teme retratarse y sale por patas sin sonrojo del compromiso adquirido.

La creciente afición del respetable a diseminar el voto convierte la resaca electoral en un mercado entregado al regateo. En eso estamos ocupados ahora, aunque la veraniega convocatoria de generales ha multiplicado los frentes. De cara a julio unos respiran ya tranquilos, otros han tenido que sacar de la chistera inexistentes candidatos a parlamentarios y alguno vive sin vivir en él en la confianza de no ser el adorno de una papeleta en la que no se leerán más allá de dos líneas.

Muchos dicen que no les interesa la política. Su problema es que serán gobernados por otros a los que sí les interesa. La cuestión es saber por qué.

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