Aquel día que Dios creó Andarraso
El paralelo de la realidad mágica de León pasa por Andarraso, que es una orden, una encomienda, un encargo, por mucho que haya gente que lo limite a balconada para los condes de Omaña. Se llama Andarraso y podía cambiar el letrero por anda listo, que fue el precepto para toda una generación de leoneses aún en vida cuando a una edad tierna se encontraban la lista de la compra a los pies de la cama, como un mensaje encriptado para que supieran lo que hacían sus padres cuando madrugaban. Vete, y anda listo, sintagma plebeyo para resumir la alerta frente a los estertores del mundo que adoba con floripondios y recetas cargantes el cuento edulcorado de Caperucita, de no hablar con desconocidos. Antes del ser de día (joder, qué expresión tan leonesa que la UPL no incluye en sus estatutos) el Sol ya está en Andarraso. Así que es incuestionable que lo pisa gente despierta, desenvuelta, por mucho que el padrón haga creer lo contrario. Razón de más para poner rumbo a ese corazón de lomas ingrávidas y picos recelosos a encontrase con lo que nunca debimos dejar de ser, se ver antes de ser vistos, de aplicar la vista y el reflejo de los suevos que llevamos dentro, de cazadores con flechas y predadores sin arco. Desde Andarraso se ve mundo. Lo que rodea, que ya sería suficiente para subsistir, con otra perspectiva bien distinta a la que tienen en el horizonte las avutardas, sin que eso quiera decir que el ángulo de los sisones tiene menos prestancia que la bisectriz que se pueden permitir los buitres leonados. Es cuestión del momento concreto en el punto exacto; y resulta que Andarraso lo tiene, al menos para es parte de leoneses condenados por la administración, que no quiere que los contribuyentes piensen por sí mismos ni tomen decisiones que comprometan el chollo. Si al despertar en Andarraso no espabilas, será baldío el empeño puesto desde Inicio (otro ejemplo de no es capricho la forma de llamar a los lugares). A mil cuatrocientos metros, con la escolta de Rosales, o el Carbaín, Dios se tomó un tiempo el miércoles de la semana de la creación para decidir si seguía adelante; en el mismo sitio en el que Andarraso le dice al aspa de viento que le colocaron a traición que antes de que cante el gallo le habrá traicionado tres veces.