Prolongar las vacaciones
Que el turismo es una de las fortalezas económicas de España parece que nadie lo pone en duda, en tiempos en que todo se somete al filtro de los vientos que soplen y al alcance de los altavoces que se tengan. Cuentan las crónicas que este ha sido un año veraniego estupendo para el turismo, a pesar de la notable subida de los precios. Todo parece arreglarse reduciendo los días de estancia vacacional, conforme a la ley silenciosa de la oferta y la demanda. Se entiende, sin embargo, que en la diversificación está la clave de una economía sólida, más teniendo en cuenta, como añadidura, los riesgos a los que el cambio climático puede someter al turismo de playa, una de nuestras tradicionales muestras de solidez del sector.
La situación de buena salud en el concierto de un país tiene, sin embargo, sus propias limitaciones, la principal la subordinación a las reglas de juego establecidas. Viene esto a cuento porque a mediados del pasado mes de agosto leí una de las noticias más chocantes, o más disparatadas, según mi criterio, naturalmente. En nombre del Santo Turismo de nuestras ilusiones, representantes del sector de la hostelería pedían, o insinuaban comenzar el curso escolar más tarde para que sus negocios pudieran tener mayores rendimientos económicos. Hacer caja, vamos, dada la importancia fundamental del sector en el PIB nacional. Esto, sin embargo, no da derecho a nadie para que las actividades se sometan a sus principios e intereses. Hemos visto ya suficientes muestras en este sentido. Pero pretender intervenir en ciertos asuntos sobrepasa cualquier raya de racionalidad o de sentido común. Sí se advierte, y es bueno tenerlo en cuenta, el lento desplazamiento de una parte de nuestra habitual clientela internacional hacia otros países, con servicios mejorados y precios más asequibles. Atiendan también a estos asuntos, que empiezan a convertirse en un pequeño clamor entre la población. Morir de éxito no es una manera leve de hacerlo. Remar todos en la misma dirección no concede privilegios a la hora de alejarse de la orilla.