Diario de León

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Todos recordamos el escándalo que se montó, especialmente aireado desde algunos medios de comunicación, tras la llegada del Gobierno de Pedro Sánchez, por la «indebida», «oscura» y «fraudulenta» inmatriculación de bienes hechos por la Iglesia Católica. Inmatricular es inscribir por primera vez, y con determinados documentos acreditativos, un bien que no ha estado inscrito nunca, ni en todo, ni en parte. Efectivamente, de acuerdo con una reforma de la Ley Hipotecaria hecha en 1998 por el Gobierno Aznar, la Iglesia procedió a inscribir hasta 2015 en el Registro de la Propiedad los bienes que eran suyos y que hasta ese momento no se podían registrar porque la legislación vigente señalaba que esos bienes tenían la misma consideración y régimen legal que los del Estado, al ser evidente la titularidad y su uso y que no podían ser objeto de comercio. La Iglesia Católica era en 1998 la única confesión religiosa en España que no podía inmatricular sus bienes. Por cierto, de esos casi 35.000 bienes inscritos, más de 20.000 eran templos, lugares de culto que la propia Iglesia mantiene y cuida, como es lógico. La inscripción en el Registro, por otra parte, no otorga la propiedad de forma inmediata. Está sujeta a reclamaciones.

En los comienzos de 2021, el Gobierno, a petición del Congreso de los Diputados, hizo público el listado que había encargado sobre los bienes inmatriculados por la Iglesia en el período citado: 34.976. Y el presidente del Gobierno se lo entregó personalmente a la cúpula de la Conferencia Episcopal en una visita a su sede -la primera y única en la historia- y un informe del Ministerio de Justicia que afirmaba que esas inmatriculaciones se habían realizado conforme a la legalidad vigente.

Hace apenas unas semanas, el ahora ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, asegura que desde que se dio a conocer públicamente el listado de los bienes «indebidamente» inmatriculados por la Iglesia y se envió a todos los ayuntamientos el listado completo, «no ha habido prácticamente ninguna reclamación ni de ayuntamientos ni de particulares». Caso cerrado. Pero ya verán cómo, cuando haya problemas, volverán por la misma senda. La Iglesia da mucho juego.

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