Diario de León

Cuarto Creciente Carlos Fidalgo

El corazón de Juan García

Creado:

Actualizado:

La columna del comandante Manso, formada por camiones y autobuses incautados y algunos automóviles con faros cromados y estribos en las puertas, llegó a la plaza del Ayuntamiento de Ponferrada la tarde del 21 de julio de 1936.

Eran doscientos soldados del Regimiento de Infantería Zaragoza procedentes de Lugo, y cuando entraron en la ciudad sofocaron los últimos conatos de resistencia republicana. Doscientos soldados uniformados —como se ve en la fotografía que un donante anónimo ha cedido a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica—, doscientos soldados con sus cascos reglamentarios, dirigidos por oficiales calzados con botas negras y vestidos con pantalones de montar y gorras cuarteleras. Soldados que auxiliaron a los guardia civiles sublevados que el día anterior y durante la mañana habían mantenido varios tiroteos en torno al cuartel con los últimos mineros asturianos que todavía permanecían en Ponferrada.

El alcalde del Frente Popular, Juan García Arias, que solo tenía 32 años y apenas llevaba diez semanas en el cargo, se había escondido en el Hotel Lisboa, muy cerca de la Casa Consistorial, y allí lo detendrían. En solo nueve días, después de un juicio sumario y de una semana encarcelado en la prisión de San Marcos, Juan García Arias —que trabajaba para la Compañía de los Ferrocarriles del Norte de España y era hijo de un chapista y una pantalonera— moriría fusilado en las tapias del cementerio de Puente Castro. Junto a él, otros dos condenados a muerte por el tiroteo de Ponferrada; el teniente de asalto Alejandro García Méndez, y el síndico del Ayuntamiento, Arturo Pita.

Juan García, que el día 20 se había asomado al balcón del Ayuntamiento para contener a los mineros —lo contaba hace una década su hijo José Luis García Herrero, que a sus cinco años fue testigo de su discurso subido a una caja de madera— dejó un mechón de pelo y una carta para su familia. El reloj que le había regalado la compañía ferroviaria por asistir a los heridos de un accidente se lo robaron. Y cuando su suegro, que era general de brigada en la reserva y no pudo hacer nada por salvarle, pidió su certificado de defunción, simplemente le dijeron que a Juan García Arias se le había parado el corazón.

Eso es lo que no cuenta la fotografía.

tracking