Día de muertos

Escena final de la obra Don Juan Tenorio.
Ante una catástrofe, la solidaridad de la gente siempre es lo primero que llega para abrigar a las víctimas. Llega antes que los equipos de emergencia y que la ayuda humanitaria, aunque ante un desastre como el ocurrido en Valencia también tiene que estar canalizada para que sea eficaz y no tenga consecuencias indeseables. La devastación y los más de 200 muertos en Valencia por la Dana no dejan a nadie indiferente. Y ocurre en el día señalado en el calendario para honrar a los difuntos. Respetar a los muertos y acompañar a los enfermos. Ese es el mandato. Pero, una vez más, el paisaje de desolación, negrura y muerte se enturbia aún más con declaraciones para el enfrentamiento en la misma zona cero. Ahí se mide la altura humana y política de las personas. Tiempo habrá de averiguar qué o quién falló y pedir responsabilidades. Ahora toca arremangarse física y mentalmente para hacer un sobreesfuerzo, porque la fraternidad llega mes a mes con el pago de los impuestos, esos que muchos no entienden para qué sirven y con los que se consiguen buenos equipos de emergencia, buenos hospitales, buenos colegios y buenas infraestructuras viarias. Y, por supuesto, necesitamos buenos gestores. Lo que ha ocurrido en Valencia servirá también para replantearse los cálculos actuales con los que se diseñan las planificaciones urbanísticas, en las que intervienen profesionales de distintas disciplinas. El cambio climático obliga a echar otras cuentas. Y apremia, de una vez por todas, poner en la primer línea de sujeción los conocimientos científicos y no las opiniones interesadas. Resulta desgarrador escuchar al científico leonés Antonio Turiel pedir perdón a los jóvenes por dejarles en herencia un planeta peor.
Nada ni nadie puede evitar un fenómeno natural como el ocurrido en Valencia. La naturaleza tiene sus propias reglas, sus normas biológicas, geológicas, astronómicas y meteorológicas. Y desde esta posición tan vulnerable en la que nos ha tocado cooperar, nos empeñamos en colocarnos en una situación de privilegio, ignorando la verdadera posición de nuestra fuerza, que es poca, en la que sólo podremos avanzar con colaboración y entendimiento. No hay otra. Sí, es buenísmo, a pesar de que hay personas empeñadas en darle un sentido peyorativo. «Sigue por el camino largo», fue la frase escrita en una pared con la que me topé de pronto el otro día cuando en mi cabeza se disputaban el podio ganador distintas opciones para afrontar los problemas de la vida.
En esta noche de muertos nunca existe para mí Halloween, defensora como soy de Don Juan Tenorio y el mensaje final de Zorrilla con el arrepentimiento del protagonista tras una vida sin respeto ni a leyes divinas ni humanas. Hoy toca respetar a los muertos y atender a las víctimas. Mañana será el momento de responder ante las leyes humanas.