Diario de León
Pedro García Trapiello

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Llevándolo, no más, así andamos, así es la cosa y así es la vida cuando es la muerte quien pinta el cuadro. Por eso se me hace bola el escribir y escasea la ocurrencia tras el adiós a nuestro hermano Seve... aún andamos midiendo el cráter. Discúlpelo el lector que se atreve con esta tinta mañanera, pero se me viene el tema porque noticias de aquí y de allá parecen redundar también en los finales del vivir, en estudios, avances científicos o reportajes de ello están nublando los medios (y miedos) o se hace arte en la muerte rizada por Almodóvar en su última película exigiendo la dignidad final que tanto se niega si no hay testamento vital que la reclame; y a menudo, ni así. Y ahora, además, viene el papa Francisco cambiando las leyes con que se entierran los papas en Roma, ese lío litúrgico de mil cirios, alarde barroco de ritos, pitos y flautas arcangélicas. Y lo novedoso: se dará licencia a que los papas puedan ser enterrados fuera del estado vaticano, en tal santuario, en su país de origen. Dicen que él quiere enterrarse en la basílica de Santa María la Mayor regentada desde Pío V por el «colegio apostólico de penitenciarios apostólicos», dominicos todos ellos, teólogos en penitencias y expertos en hacer confesar (no pocos, españoles; en este templo, y a toda hora se confiesa hasta en 23 lenguas; el leonés Jaime Lebrato lo hizo muchos años allí). Lo que llama la atención de esta querencia del pontífice argentino es que dominicos y jesuítas, orden de la que viene este papa, rivalizan desde fundarse, por no decir se odian o detestan. Pero se ve que en algo les admira Francisco tan profundamente, que quiere arrimarles ahí su sueño eterno. Papa sagaz. Gusta de los puentes que también tendió con la orden franciscana al bautizarse Francisco en el solio. Y ahora busca algo de pobreza y humildad franciscana en el funeral papal tras siglos de iglesia romana ostentando poder, palacios, lujos, boato... aunque nunca es tarde para buscar ser modestos o al menos parecerlo, que es lo que ha de hacer también en esa ciudad imperial la mujer del César.

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