Diario de León

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Todas las comparaciones son odiosas. Lo dicen quienes creen que no conviene hacerlas si lo suyo anda en el espejo. Pero a este León desnudo le pide el cuerpo serrano espejo y comparar cosas tras oír el otro día que unos ingenieros propusieron a Feve la viabilidad del soterrar la vía para que los trenes volvieran a llegar a la estación término, la de Matallana en Renueva, solución técnicamente al parecer sencilla y presupuestariamente asumible al poder hacerse por sólo ocho millones de euros. ¿Ocho?... Curioso. Esa cantidad es la misma que engulló el Museo de la Semana Santa que tardaron diez años en emburriarle y embutirle al viejo Seminario Mayor y que ha despertado toda suerte de críticas por su dudosa necesidad y urgencia, por sus previsiones fallidas (los pasos, al sol) y por su fondo imaginero de escaso atractivo museístico, pues las tallas y pasos más valiosos o de interés para el foráneo o turista que aquí llega harto de museos similares en sevillas o pucelas, no han permitido sus cofradías o parroquias que les despojen de ellos para arrimarlos a esa museada montonera de tallas piadosas, baratejas en gran medida y... vistas seis, vistas todas... La popularidad y taquilla de esa «decidida» inversión están por ver. Además, ya se sabe, si quieres que un leonés no entre en un lugar, sólo tienes que poner sobre la puerta la palabra Museo.

Y aquí es donde entra nuestro León desnudo y mete el espejo y la comparación. ¿Qué le vendría mejor a esta ciudad: gastar ocho millones en acabar por fin este dichoso y discutido museo-bulevar del devoto o tener una estación donde siempre estuvo y dar servicio tentando a usar este tren de vía estrecha tan de excursión y tan de pueblo vivo, tan de esta ciudad y de la gente toda del Torío, La Vecilla, Boñar, Cistierna...? El León desnudo insistió: ¿Es que aquí hay que gastarlo todo en el ir rezando y rogando sin dejar nada para el mazo de irle dando?... Si hubiera un psiquiatra de ciudades, a esta había que pagarle un tratamiento y que confesara en un diván el porqué de sus manías o secretos, aunque de este tren y de esa estación violada sólo dirá «pregúnteselo a Villalba».

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