CORNADA DE LOBO
La palabra es más
Que nunca se lleve al cine, exigió García Márquez. Su novela, su monumento literario «Cien años de soledad», no se merece una difícil, si no imposible, traducción a imagen. Lo prohibió. «Película no, al menos no antes de morirme; y ya después...». Después, la fechoría. Sus herederos vieron filón y talón y la serie que ha parido ahora la cámara es para cagarse en el séptimo arte, en la voraz Netflix... y en los herederos. Eso creen los que colaron ahí el ojo viendo que la cosa desbarranca desde la primera secuencia. Lo asegura Sergio del Molino, que la califica de «serie horrorosa y un interminable anuncio de café» para concluir tras verla que es mucho mejor volver a leer el libro.Sin duda. Sostengo desde que estrenamos la película «El filandón» que más vale una palabra que mil imágenes. Hoy es firme convicción. Al principio lo decía por salpicar al manido dogma de «más vale una imagen que mil palabras», falsedad lírica donde las haya. Y propuse a doscientas personas en un auditorio que cerraran los ojos y pensaran en una sola palabra que les diría: ¡castillo!... Después fue fácil demostrar que en cada cabeza se había construido un castillo distinto, doscientos castillos diferentes con una sola palabra; y lo mismo de haber sido mil cabezas o un millón; cada cual se imagina y decora esa imagen sin productor o presupuesto que le limite. Sin embargo, cuando en una película sale un castillo, todos verán un único castillo, el mismo, no hay más. Dadme entonces la palabra. Dadme el libro. Ninguna producción cinematográfica tendrá los recursos gratuitos e inagotables de la imaginación de cada cual al zambullirse en cada línea de lectura. Y con la poesía, el doble. Todo lo cual viene al caso de la palabra del año 2024 elegida por la universidad de Oxford, «brain rot», «cerebro podrido» por la mucha basura que se devora hoy deteriorando las facultades mentales, algo muy relacionado con el abuso de contenido digital trivial o poco estimulante. Catarata de imágenes nos anega el entendimiento y la barahúnda visual nos deja pocho el caletre. Volvamos a la reposada lectura si queremos cerebro libre. Falta mens sana.