Elogio del burle
Mantiene el sistema neuronal alerta y retrasa la vejez cerebral. Esta virtud dice ahora la ciencia que tienen los juegos de cartas y lo demuestra con el bridge como podría hacerlo con la versión española del rummy, la canasta, tan de paisanas de pellejo que ya no se ven tanto como se vieron en el Condeluna y cafeterías distinguidas dándole a las cartas con su partidita paralela de cotorreo maligno y marmuración. Que son saludables los juegos de cartas es doctrina sabida por el pueblo desde hace siglos en este país que no deja de cantarse las cuarenta o echarle órdagos al campanario, que de ahí vienen nuestros males y enconos. En los otros paises, también, y con otras barajas. Pon tapete a la mesa camilla y desfilen ahí nuestros juegos más populares de cartas, del cartulaje, que diría mi tío Andrés el maestro, doctorado en estas justas entre curas y secretarios, la intelectualidad del naipe. Que salga el infantil burro o las parejas... y el julepe, la perejila, la escoba, el tute, el subastao, el tute cabrón, el cinquillo, el chinchón, el tresillo, el truco, la brisca, las sieteymedia, el bacarrá, el mentiroso, el póker de rabo zurdo, la loba, el carioca, el gilé, la zanga... y encabezando el ranking de la trepidante emoción del naipe, el juego más juego para esta raza nuestra, el mus, oh el mus, lo más entre las artes del burle y la burlanga, patria del farolero, bendito juego castizo y españolazo, ideal para el bocas, el fullero y el carpanta cazurrote que se las guarda. Tenía su fina razón don Antonio Mingote, cátedro mayor del reino en esto del Mus; sostenía en privado que «el sexo es como el mus: cuando uno tiene una buena mano, sobra el compañero» (y Alfonso Usía reprimía una risilla delatora, pillín). Pero hablando de mus españolote y zumbón —el de quince a pares y órdagos por el culo o el de jugarse el futuro a las cartas en penumbrosas trastiendas de diosnoslibre-, me viene a citas don Heraclio Fournier, SA, que se reclamó perjudicado por el embalse de Riaño y, como tal, cobró lo suyo, no poco, tú. Dictaba Madrid manga ancha y cedía trágalas. Sin duda ya te lo conté alguna vez, pero te lo vuelvo a contar mañana. Nada de uf, salao. Pa que lo recuerdes, coño.