al trasluz
Zafarrancho doméstico
Mañana sábado, tendremos a cenar en casa a un grande. «Cuidado, Aguirre…a la edad de Cervantes ya todo ha de ser a la plancha…», habrá saltado mi centenaria lectora. En efecto, a partir de los 400 años los ardores de estómago nocturnos pueden ser letales. Pero no será don Miguel el invitado, sino el gran crooner leonés Javier Arias— doctor Bogarde, uno de los milagros musicales que ha dado este país. Estamos en zafarrancho doméstico. Un gran invitado conlleva el comecome añadido de entretenerlo, sin necesidad de hacerle una exhibición de lanzamientos a ciegas de cuchillos o de recurrir a tus covers de los hermanos Calatrava. En mi casa, no hay mucho que enseñar, salvo a nosotros mismos. «Aquí, mi ducha, donde entono Llevo el pecho tatuado», «en este teclado aporreo mis columnas», «aquí es donde no hago gimnasia…». Pero algo se nos ocurrirá. Tu casa no es un lugar físico, sino una atmósfera; en la mía somos muy atmosféricos, ningún invitado se libra de la máquina de detectar falsos lectores del Quijote. «Los chistes son muy socorridos», me apuntará ese lector que hizo la mili con Ordoño. Ya, pero hace poco le escuché a Arias una imitación perfecta de Eugenio, y la mía de Gila todavía necesita unos miles de horas más de ensayos. En fin, si todo falla siempre nos queda lo del lanzamiento a ciegas de cuchillos.
La voz humana no es solo sonido, también puede ser hogar. Cuando Arias canta sientes que lo está haciendo para ti. Lo dicho, es un milagro en medio del imperio del reguetón. Y ha surgido aquí, con su inglés perfecto y su universalismo.
Sin duda, hay fuerzas oscuras reptando por el horizonte del mundo, pero esta no es la única verdad que proclamar. Todavía nos quedan el amor y los amigos, la fraternidad, el dolor compartido. Aún, las buenas canciones siguen sonando mucho después de haber concluido. De momento, ya he localizado entre mis cds una alegre versión country de «Dont get around much anymore», de Duke Ellington, y que Arias borda —a veces, con el hijo del dibujante Lolo a la batería-. Las buenas canciones siempre vienen en tu ayuda. Sí, algo se nos ocurrirá; además, siempre ocurre algo mágico. Nuestra casa no es un casino de Las Vegas, pero el afecto tiene neones.