El rapaz piensa
Votar pidió a los Reyes. Y cuando tu hijo pueda algún día hacerlo a los 16, verás adelantada la hora antigua de matar al padre, rito trágico más viejo que los griegos y con el que se entretiene el psicoanálisis desde hace siglo y medio. Pero a ti no te agobia mucho que le anticipen la edad de meterla, porque tu hijo, dices, votará lo que tú digas... o que le convencerás, ohlalá, pero sabes de sobra que ya es una pared en lo álgido de su adolescencia replicante, soberbia y desconcertada. Hoy, a los 16, lo tienen casi todo contestao, odiao o follao, pues su edad ya les vale para decidir, por ejemplo, si abortar o no sin pedir permiso paterno... o ser mañana Maripili quien ayer se llamaba Eufrasio.
Hasta 1978, en este país, la mayoría de edad no se alcanzaba hasta los 21. Ese año se bajó a 18 y tuvimos puerta al voto, al alcohol, al tabaco y la lotería, algo que hoy sigue prohibido hasta esa edad (¿de verdad?). Los españolitos de 16 no pueden beber, fumar o jugar, pero ya pueden hacer cosas que consideramos muy importantes en la vida: tener trabajo (menos nocturno), tener relaciones sexuales, casarse, exigir consentimiento médico, tener licencia de armas, conducir hasta 125 cc, hacer testamento... Y si ya les suponen juicio para esos pasos de alto riesgo (de un gustazo, un trancazo; y la preñó), habrá que suponerlo también con la papeleta y el fregao político. Y porque así comprobarán, además, que meterla en una urna no es tan embarazoso... aunque también va de preñarla.
No tardará España en darle voto a la notable rapacería de quinceañeros sobrepasaos. Lo hacen ya Alemania, Austria, Bélgica, Malta, Escocia y Grecia... Bosnia, Eslovenia, Croacia y Serbia, si trabajas, y Hungría, si estás casao. ¿Cuánto suma en España la tropa de 16?, ¿de qué cerro de votos estamos hablando?, ¿millón y medio?... sólo eso les importa. En fin, que en breve veremos a los dieciseisañeros acompañando a sus padres al colegio electoral en modo par, de tú a tú, inflando pollas y esporpollando pechuga. Y es un enigma lo que votarán esos jóvenes, aunque también habrá rebotaos, maduros, acratillas, libres... pero serán pocos y nadie, como hoy.