Esta vieja creencia
Aún sigo creyendo en la bondad, y si alguna vez dejara de creer en ella – hay tardes en los que la vida nos lo pone difícil— me bastaría para recuperar la confianza perdida rememorar la presentación del libro «La abeja que enfermó de ELA» (Ediciones Duerna), de Diana Emperador. Un llenazo no solo de público, también de bondadosa energía. Qué acto tan verdadero, conmovedor y sabio, constatación de que incluso en el sufrimiento son posibles manifestaciones de alegría. Y aquí es donde irrumpe esta vieja creencia: la bondad, tan misteriosa y —a la vez— tan transparente; tan sencilla, tan profunda; tan humilde, tan rica. El libro —un cuento— tiene como objetivo recaudar fondos para la investigación sobre la esclerosis lateral amiotrófica, y su autora —lo escribe y lo ilustra— recrea la historia del exjugador de baloncesto profesional Urbano González. Él lo ha inspirado, pero la obra tiene un protagonista colectivo más allá de lo biográfico: el amor, que aquí va de lo individual a lo colectivo. La sonrisa de Ana Carlota, la esposa de Urbano es un triunfo, suyo y de todos. Es el amor proclamándose y proclamándonos.
Diana Emperador ha escrito sobre una bondad dorada, y lo ha hecho con el amarillo de las buenas abejas, pues el corazón humano produce la mejor miel. Cuánto se quiere a Urbano y a los suyos. Cuánto nos quieren ellos, nos conozcan personalmente o no.
Este es un libro no solo para tener, sino para regalar varias veces; se puede adquirir en librerías de León y en la web «Urzapa. Miel ecológica». La investigación científica necesita tiempo, medios y hallazgos. Los enfermos echan de menos una gestión política eficaz —el alcalde estuvo-. Sobran vuelva usted mañana. Ya he escrito muchas más columnas de las que me quedan por escribir, algunas convicciones de antaño se me han diluido … pero sigo creyendo que solo la bondad gana todas las batallas, incluso las que aparentemente ha perdido. A veces es difícil no desesperarse, en este mundo de futuro incierto, pero basta con mirar a tu alrededor para percibir su vuelo. La bondad... a menudo vapuleada, nunca vencida; tras llorar, vuelve a reír. La vieja creencia sigue viva gracias a quienes contribuyen a diario a ello, como este bello libro.