Creado:

Actualizado:

El debate sobre el modelo de ciudad que León quiere tener en el futuro no es nuevo, otra cosa es que ahora se haya vuelto a poner de actualidad. Como todo lo que tiene que ver con la vivienda, se tiende a generalizar la avasalladora y mediática realidad de macrociudades o poblaciones con gran presión de demanda, que poco tienen que ver con la microvida local. Lo cual no obvia que la provincia tiene una problemática de vivienda que abordar (bien diferenciada de las generalidades); y que la ciudad debe afrontar sin dilación los vacíos con los que el cambio de uso de sus inmuebles abre boquetes de difícil digestión en las calles.

El Ayuntamiento estudia ya, oficialmente, los parámetros que debe aplicar para modificar el Plan General de Ordenación Urbana, de forma que se permitan nuevas fórmulas de habitabilidad de los distintos tipos de inmuebles. Harían bien los responsables municipales en analizar las peculiaridades del entramado urbanistico, la realidad de los locales de uso comercial y de servicios y las necesidades de vivienda que acechan a los leoneses. Y no dejarse llevar por impulsos globales en buena medida ajenos a las exigencias de la ciudad.

Todo un ejercicio de responsabilidad en el que ha de primar la amplitud de miras. Las calles de la capital, de las principales localidades leonesas, conforman hoy un escenario muy ajeno a aquel enjambre de negocios y tiendas que las animó en otros tiempos. Un ajetreo que no volverá en lo económico, pero al que no se puede renunciar en lo urbanístico y social (y, por tanto, en las medidas a adoptar). Bien están todas las políticas de dinamización del comercio, con especial atención al de cercanía. Pero el nuevo planteamiento de ciudad tiene que ir más allá, porque la realidad es tozuda.

Quizá León no necesita convertir en viviendas los bajos comerciales, pero no puede consentir que la oscuridad tenebrosa se adueñe de las noches en sus calles sin escaparates que alumbren y den abrigo al caminante. O que el desolador abandono siga extendiendo su sombra en forma de sucesivas trapas de vida comercial que fue, pero ya no será más.

Repensar no implica sucumbir a discursos comunes. De ello depende la ciudad que queremos ser.