Lengua mierda
Se lo dicen a la cara gritando amenazas como quien delata a un pervertido: «No hables ese español de mierda en mi país». Trump ya ha logrado convertir al emigrante en un enemigo interno de la nación que se hizo grande sólo gracias a la emigración... y como enemigo a deportar o encarcelar presenta ahora al hispano, al latino, al que les llega desde Norteamérica del Sur invadiéndoles su Norteamérica del Norte... la blanca, la de Dios con nosotros, la más grande, la del cañón más largo y el misil que más alcanza, la de chúpame la polla, panchito. «No hables ese español de mierda», insisten en Kansas abencerrajes que se hacen pasar por agentes de inmigración para perseguir y delatar a todo el que no tenga papeles, avasallando y hostigando al residente legal que les parezca latino... ¡spanish shit!... ¿Le dirá algo el españolísimo Abascal a su idolatrado Trump o solamente está ocupado en chupársela?, ¿qué patriotismo suyo es ese que ahora predica a voces en el coro de Le Pen, Orban y Salvini?... ¡cagonrós, Abascal, o le dices algo claramente ultrajado o eres un cagao y un traidor!, añade aquí un vecino en mi café, proponiéndole también que, si es tantísima su admiración, se vaya a vivir a cualquier paraíso de Oklahoma, Idaho o Carolina (la del Norte, que en la del Sur vive una amiga suya, me dice, huída de nuestras guerras y paros queriendo sólo paz y dando allí clases de español, pero imaginando que su horizonte se llena ahora de nubarrón amenazante y violento).
El caso es que 47 millones de estadounidenses hablan español en esa Norteamérica del Norte y eso es como si España entera viviera allí, gente mucha, una lengua nación, así que ni en tres generaciones podrán extirpar el hablar que se mamó de la madre, la lengua del sentimiento, la del nido, la de la identidad que es lumbre o al menos resoldo vivo siempre, le lengua de sus canciones que se hacen bandera en la boca y carnet en el corazón, aunque resulta que ahora Dios sólo habla inglés allí y Trump promete entronizar la religión junto a la bandera. Pero ya todos sabemos que cuando se mete a Dios en cualquier guerra, las hostias son como hogazas.