Diario de León

Creado:

Actualizado:

Hay que ser algo cenutrio mental para resistirse y negar la evidencia de lo que se nos está viniendo encima en lo que al clima toca, porque han venido confirmando los servicios meteorológicos de todo el planeta que el pasado mes de enero ha sido el más cálido de la historia desde que se tienen registros, ¡manda grados! Y eso lo gritan en bermellón chillón mis geranios de balcón que aún conservan alguna escondida flor en insultante lozanía. ¿Geranios de enero con flor a la intemperie en un León de helada fiera? En jamás. Y ocurre porque un geranio no puede ser negacionista, no se lo permite su naturaleza que se gobierna por cuatro elementos: tierra, agua, luz y termómetro amable. Recuerdo los geranios que mi madre veló y mimó toda su vida, eran su poesía de alféizar, la canción coloreada de sus ventanas, un himno de alegría roja y verde, esos colores muy de aquí cuando van en tela de Damasco componiendo a franjas la vela de los pendones. Aquellos geranios se helaban en llegando diciembre si nos los metía dentro; la helada los acuchillaba de raíz si alguno quedaba a la intemperie. También se conservaban en invierno sacándolos del tiesto y, sacudida la tierra de sus raíces y envueltos en papel de periódico, o no, se les colgaba boca abajo en cuarto oscuro o bodega, cosa admirable, ciertamente, pues era como si durmieran cuatro meses una plácida catalepsia... y a finales de marzo resucitaban con más ganas. Mi madre nunca se fió de este sistema y prefería alinear los tiestos en las escaleras que tenían gran ventana a la luz del norte. Se admiraría hoy si viera mis geranios que encararon los tres últimos inviernos al aire libre y siguen verdes y esporpollaos. Algún brazo han perdido en sus batallas, pero los más ya morían barrenados antes por la mariposa del geranio, esa que si llaman «taladro» por algo será, pequeñez africana que nunca se vio aquí hasta hace pocas décadas y que ya no hay quien la eche. Pero está en su sitio y en su derecho, evoluciona, sobrevive, y he de aceptarlo aunque me cague en tós sus vivos cada vez que un tallo de mis geranios entra en melancolías y enseña las entradas de la okupa.

tracking