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Dicen que los gatos tienen siete vidas, y —sin duda — eso da para mucho maullar; me conformaría con una y media. En cambio, siete columnas no me serían suficientes paran expresar mi afecto por el leonés Ricardo Ranz. Ayer, la excelente pluma de Susana Vergara le dedicó un reportaje, pues expone en Madrid sus cuadros gatunos y prepara otra con estos protagonistas. Las mascotas tienen en nuestro periódico no solo una sección fija, también un cielo protector, gracias a la empatía de esta periodista. Proclamaba nuestro paisano su admiración perenne por tres maestros: Luis Gómez Domingo, su profesor de Dibujo en el instituto de Ponferrada y durante décadas ilustrador de nuestro Filandón; desde la Facultad de Bellas Artes de Salamanca y hasta hoy, por el cacabelense Rafael Sánchez Carralero; y también por Javier Zabala, cuyos estilos dialogan. Somos muchos quienes amamos Los Diarios de Franz Richard, sección de humor gráfico que comparte en las redes sociales y en la que da la palabra a una bombilla y a otros entrañables personajes. Hasta un gato necesitaría más de siete vidas para pagar una deuda de afecto, a mí hay días que no me bastan con setenta.

Hace mucho frío en la calle, pero el arte —el buen humor también lo es— actúa de cobertizo protector, ante las viejas amenazas que ahora regresan, porque nunca se habían ido.

En cierta ocasión le pedí a que me dibujase una cabeza de Cervantes que tuviese expresión tierna, y me hizo un dibujo que sigue hoy admirando a quienes lo contemplan, pero sobre todo a quienes tienen conocimientos artísticos. Unos años después, para despedir una sección que tuve en la última del periódico, llamada Carta sin sello, le pedí que me pintase una invasión alienígena de nuestra la Plaza de Guzmán el Bueno. Un marrón, aquí y en Marte. Lo captó sin necesidad de emular al pensador de Rodin. Dicho y hecho, como si antes de pintor hubiese sido cocinero en la nave Estrella de la Muerte. Y puso a uno que exclama: «¡Qué birria de invasión!». El gag travieso tira al monte.

Sí, 700 columnas no me serían suficientes para saldar mis deudas de afecto, muchas con este leonés bueno y genial. ¿Hay algo mejor que una entrañable amistad, aquí o en una galaxia muy muy lejana?