CORNADA DE LOBO
La emboscada
Borracho de soberbia altanera para dar espectáculo al mundo, ayer Trump, asistido por su mozo de estoques el viceprensidente Vance, le tendió una emboscada a Zelenski montando en el Salón Oval un numerito de matón de patio vergonzante y humillante. Todo previsto. Mandó que lo presenciara la prensa y que las cámaras dejaran bien claro quién manda, corta y rasga... y quién puede gritar y disparar la voz como balas a la oreja. El chorreo estaba preparado y venía caliente el «amigo» porque las condiciones que pretende imponer a Ucrania para un acuerdo de paz eran totalmente inadmisibles para el presidente ucraniano y su nación, así que no se resignó a firmar en balde y en blanco, suspendió todo acuerdo, fuese... y no hubo más por su parte, mientras Trump se acaloraba por la suya y le acusaba de la muerte de millones de personas y de abrir la puerta a la II Guerra Mundial como si necesitase sembrar el último pánico de tan contrariado como estaba por haber dado eufóricamente por hecha esa firma y así poder entrar en la Historia mayúscula con el título de «Pacificador universal por mis cojones». Y eran dos contra uno. Zelenski no humilló dignidad y replicaba contra un muro de chulerías. Pero los dos matadores de la corrida no le perdonaban que lo hiciera en su casa, en el sancta santorum del orgullo americano, Casa Blanca, Despacho Oval. El bochorno diplomático es sin duda el mayor de la historia contemporanea; jamás se vio un espectáculo de esta naturaleza. Y montado para la grada. Tras ver el mundo la refriega, los demócratas americanos salieron en tromba a defender a Zelenski, mientras los enardecidos republicanos se cagan en sus muertos y piden represalias por faltar al respeto al pueblo americano. Arde el aire pidiendo hogueras que ardan y en todas la embajadas la noche de ayer aún perdura a estas horas. Alguien sigue queriendo guerra y, echando la culpa de ella a Zelenski, Trump ya tiene argumentos. Pintan mal cosas así. Cuando un chulo quiere sentirse agraviado, la navaja de su lengua se vuelve pistola. Lo dejó claro gritando... y señoreando. Pero seremos todos quienes paguemos tanta locura.