Diario de León

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La mili despareció del horizonte de los chavales con cuatro pelos en el bigote cuando Aznar, años después de darle al billar de tres bandas con la comarca del Bierzo, decidió que el género masculino no podía dedicar la mayoría de edad a meter la creatividad en una jaula. Mal para el jueves, que salía los miércoles, y mal para las cantinas que dieron vida al valle del Ferral a base de tortillas de patatas y vino en jarra. Mal, también, para toda una generación ahora a punto de superar el umbral de la edad de los viejunos, que tendrá que improvisar la tertulia de las cenas con los amigotes, resuelta con la segunda temporada de instrucción en Zaragoza, o lo hijoputa que era aquel sargento que rebajaba egos a punto de la licencia en Cartagena, sin buque escuela, ni vueltas al mundo con Elcano, ni nada. Luego, ves a la milicia de Israel como cierra filas a la embestida, ves a Zelensky y al sirio Jolani, de verde guerra pret à porter y el dos por uno que te ofreció la CIA en el mismo paquete, y se hace leopardo el gato por liebre con el que trataron de engatusar a los europeos de la unión mientras entretienen la estrategia del tapón pegado a la botella, aniquilan al sector primario y allanan cielos abiertos para colocar placas con las que enjugar la infamia del entierro del carbón, para calentar el culo con otra energía que no venga del gas de Siberia. Ya se ve el remake: «¿De dónde eres, recluta?» «De León, señor» «En León sólo hay independentistas y jubilados». Habrá quien piense que no cambian carreteras por tanques y que los javalins se montan solos; después de justificar la desinversión del ferrocarril que sufre León para misiones en el corredor de Suwalki, irán trenes llenos de soldados al granero del Donbas. De repente, el No a la guerra, que calentó el voto que luego terminó de cocer el 11-M, es un sí a la PAC, pero de Ucrania; ocasión para que los hijos de los pobres vean el desfile de la Victoria en Moscú. Igual, cuando vuelva la tropa de pegar tiros en Rusia, si vuelven, como Napoleón, La Línea de la Concepción está ya en los Pirineos. O en el Charles de Gaulle. Europa te cambia el Erasmus por la opción de morir en las frías aguas del Volga.

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