Diario de León

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Europa inicia nueva era. Habla de rearme y de guerra, de un punto de inflexión con el desembarco del elefante Trump en la cacharrería de la UE, que no ha querido ver el elefante en la habitación que disparaba en las vidas de otros. La destrucción y la muerte en Ucrania retumbó en nuestras economías, pero el campo de batalla físico y sangrante parecía cosa del pasado en nuestras acomodadas sociedades. Ya no. La Europa que somos no sólo habla de gasto, vuelve a hablar de tropas. Y esos somos nosotros. Nuestros jóvenes. Nuestras vidas.

Sin caer en el alarmismo, en cada población azotada por cada conflicto hubo un momento en el que todos pensaron que aquello no podría pasar nunca. No se trata tanto de preocuparse como de ocuparse. Entre el miedo y la consciencia de la realidad sólo media la razón. Y la información.

Y aquí es donde flaquea esta sociedad con herramientas como nunca, mas quizá como siempre. La desinformación y la manipulación han sido desde el inicio de los tiempos las herramientas más temibles. Lo son ahora, en la amenaza de la más inteligente de la más estúpida de las guerras, si es que alguna no lo es. Lo llaman ‘guerra híbrida’, no sangra. Ataca a infraestructuras críticas, adultera elecciones, alimenta vandalismos, desacredita líderes, rompe sociedades,...

Ocurre en todo el planeta. ¿Por qué íbamos a estar excluidos de la sinrazón? Es Ucrania, fueron los Balcanes. En la historia, las guerras mundiales y la civil que nos destrozó es anteayer.

Hay otro frente a vigilar. Si hay rearme, defensivo y ofensivo, hay industria. Todos se mueven ya. Aquí hay históricamente explosivos, somos sede de empresas de desarrollos punteros en tecnología de defensa. Podemos reaccionar y posicionarnos o seguir siendo el León que mira cual vaca cómo pasa el tren.

Esa es la única opción que no cabe en ningún sentido. No podemos dormitar en la indolencia. Ya lo explicó Niemöller: primero vinieron por los socialistas pero guardé silencio porque no lo era, luego los sindicalistas, vinieron después por los judíos. Cuando vineron a por mí ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre.

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