Diario de León

CUERPO A TIERRA

Antonio Manilla

Antonio Manilla

De las moscas de Arroyo

Creado:

Actualizado:

Arroyo convirtió en pedestales una grúa y una pared, también un soportal junto a la muralla. Lo más admirable de su obra expuesta en León, para mí, es esa pequeña revuelta conceptual de la que solo alcanzó a escaparse el Eolo, colocado antes, a las espaldas de don Pelayo: la redefinición del marco que enmarca a las estatuas: no un pedazo de mármol, sino todo un lugar. ¿Megalomanía del escultor, que pone al servicio de su obra un espacio histórico? El aguilón o pie de grúa que sostiene el unicornio parece negarlo, en su aparente humildad de máquina sumisa y eficiente, aunque mucha gente evita pasar debajo del pedrolo por si las moscas, que bien a la vista están.

El plan conceptual del conjunto también está a la vista, pero yo creo que la mayoría del turisteo es incapaz de captarlo y se queda, así en general, con la idea elemental de que las moscas tienen la costumbre de acudir a la mierda y, como acaso ignoren que ahí hubo durante siglos una cárcel, que de alguna manera avalaría la crítica social del artista, se van con la noción de que tras esas piedras del archivo histórico hay algo sospechoso. Ya hemos hablado alguna vez de la ocasión perdida de establecer un irónico diálogo con la instalación de Arroyo cuando en la plaza de Santo Martino, en vez de un gigantesco bote matamoscas con rutilantes colores pop, se perpetró la broncínea estatua de un rey guerrero. Nos parece que hay cierta desconexión ideológica entre los ornatos escogidos para unos espacios tan cercanos que se susurran al oído, pero hablan idiomas lejanos. Los técnicos municipales de la sección de cultura o la concejala otorgaron el placet en su momento, lo que tampoco es sinónimo de que entendieran de la misa la media.

Más allá de lo que quisiera expresar el artista con su instalación y de lo que entendamos los espectadores de hoy e incluso ignoraran por completo los técnicos municipales de ayer, en ese utilizar el alrededor a favor de la obra en vez de en contra o de modo neutro hay una enseñanza que otros escultores cercanos quizá han aprendido de Arroyo, como por ejemplo Javier Robles, quien en Vegacervera ha aprovechado el puente viejo para colgar de él a un niño columpiándose eternamente en el ojo del puente sobre el cauce del Torío. Toda una hermosa alegoría para los que somos pescadores.

tracking