Diario de León

Creado:

Actualizado:

No parece que fue ayer, en contra del tópico que siempre miente, como sucede con todos los lugares comunes en los que nos escondemos de nosotros mismos. La mecánica con la que el cerebro organiza en estratos los recuerdos ha arrumbado al fondo de la estancia aquella primavera de 2020 que vivimos con las puertas cerradas. No hay canción que la tararé en el eco de los aplausos, ni verso que la dibuje con la esquina rota de las flores sin pisar, ni olor en el que abandonarnos de pronto a un momento que revivir. Pasó un año, después otro más, el tercero al descuido, el cuarto ni lo contamos y, cuando ya nos habíamos abandonado al abandono, el quinto aniversario nos ha pillado a traición con todas las promesas que repetimos sin cumplir. Quedaron tantas deudas allí que nos reclaman... Las dejamos atrás, pero no han prescrito. Vuelven para que reconozcamos que no salimos mejores. Sólo se trataba de una trampa semántica con la que nos engañamos para poder dormir, mientras el humo de la chimenea del crematorio del cementerio hilaba un día con otro, sin descanso, para dejar en el aire las cenizas de las 1.479 víctimas que el covid se llevó en León.

Nos queda a trasmano cuando salíamos a las ocho a las ventanas a aplaudir a los sanitarios. Tan lejos que en estos cinco años ni se ha mejorado su situación, ni se han reforzado las plantillas, ni se ha invertido en las infraestructuras que entonces se echaron de menos y aún faltan, ni se ha dignificado una profesión que cada día acumula agresiones y amenazas. Se nos ha olvidado que en las residencia de ancianos caían como pajarines de la rama, abandonados junto a sus cuidadores, sin trasladar a los centros sanitarios donde no había camas para asistirles, ni equipos suficientes a los que fiar una esperanza. Estábamos en casa, usábamos mascarilla, saltábamos cuando alguien tosía a nuestra espalda, nos lavábamos las manos al volver del mercado, hacíamos los deberes entre todos y trabajábamos a distancia. Llegamos a mirarnos a los ojos, por encima de los embozos, para reconocernos. Íbamos a recuperar el tiempo perdido. Salimos a la calle y volvió todo a ser igual, como si no quedaran cenizas del covid en el aire. Hace tanto de aquello que fue ayer...

tracking