Cuarto creciente
Juan Martínez se sube al escenario
Solo frente al público. Vestido de flamenco. De pie sobre una tarima. Iluminado por un foco que deja en la oscuridad el resto del escenario vacío. Así afronta Miguel Rellán la interpretación de Juan Martínez, el bailaor que le contó su vida al periodista Manuel Chaves Nogales cuando ya era viejo y vivía retirado en el París de entreguerras. Nacido en Tetúan, de padre berciano, a Miguel Rellán le gustaba subir y bajar el toldo de la tienda de su tía en Ponferrada, Novedades Tina, cuando acudía de visita a la ciudad de niño. Hoy, sus manos están grabadas en la acera del Teatro Bergidum, a donde vuelve esta semana para representar en dos sesiones la adaptación de la obra de Chaves Nogales, El maestro Juan Martínez que estaba allí.
Solo frente al espectador. Vestido de bailaor, pantalón ajustado, camisa blanca y chaleco, pañuelo rojo y sombrero negro, Miguel Rellán no necesita a nadie más para dar vida a un pícaro —que no un delincuente— que recorre con su mujer, la hermosa analfabeta Sole, la Europa de la Gran Guerra para terminar perdidos en mitad de la Revolución Rusa. La recreación de una historia tremenda, contada con humor, porque Juan Martínez es un superviviente.
Cien años después de aquella peripecia por una Europa encendida, ochenta después del libro que la cuenta —escrito por un hombre que tuvo que exiliarse de España durante la Guerra Civil porque cualquiera de los dos bandos podría matarle— el mundo sigue igual de revuelto. Suenan tambores de guerra, nos hablan de preparar un kit de supervivencia, por si acaso, y descubrimos que junto al enemigo del Este también parece que emerge otro en el Oeste.
Y Juan Martínez vuelve a estar aquí, en la tarima del Teatro Bergidum, en la piel de Miguel Rellán, que prefiere el teatro al cine y la televisión. Solo por eso, porque está solo frente a todos, merece la pena ir a verle. A Rellán, además, le gustan unos versos de Hemann Hesse que dicen que la mitad de la belleza depende del paisaje y la otra mitad de la persona que mira. Lo mismo ocurre con el teatro.